UN CONTUBERNIO MONSTRUOSO QUE FUSTIGA LA JUSTICIA EN BOLIVIA

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El contubernio monstruoso se ha reunido, su determinación ha sido soltarle el suero a la justicia, permitirle caminar por sí misma y recomponerse. El escándalo ha salido y la justicia por si misma cree que la civilización del espectáculo va ser nuevamente la que la colabore, primero para afianzarse a su propia existencia en el Sistema Jurídico Social, “sobrevivir” y luego cumplir con su objetivo y finalidad de dar a cada quien lo que le corresponde según lo que es justo, de esta manera acercarse al postulado del “Ius est art boni et aequi” – El Derecho es el Arte de lo bueno y lo equitativo-. Esta escena es diferente, en realidad se trata de un escenario de mareo y ficción, rotundamente la justicia no está caminando por sí misma, – aunque quiera entender que así lo hace – , en realidad se asemeja más a lo que gráficamente plasmó en redes un artista (Abel Bellido), ha salido auxiliada por periodistas y no por sus inmediatos responsables, fue sacada de las cloacas, de la putrefacción más corrosiva y dañina, está en rehabilitación y los intentos por salvarla son numerosos, pero su antídoto no está en ella sino en la calidad educacional y formativa de sus actores; magistrados, vocales, jueces, secretarios, auxiliares, fiscales, abogados y otros hasta llegar al ciudadano que amablemente ingresa con el café que alimenta sus asientos judiciales en todo el país.

De esta manera, si el Contubernio Monstruoso, obtiene su objetivo, terminará con lo que queda de justicia, exigirá dádivas, prerrogativas, espacios de poder y de toma de decisión para su propia conveniencia, la va seguir matando frente a nuestra mirada quieta.  Entonces surge la pregunta ¿Se avizoraría un escenario en el que estos “custodios” de la justicia que a lo largo de los años la han llevado a esta situación crítica de terapia intensiva, sean los mismos actores que reunidos hayan decidido soltarle el suero para ayudarla? algo no cuadra.

Después del famoso audio relacionado con el caso del bebé Alexander, otro caso de posible injusticia estremece a Bolivia, como se oye, al parecer finamente cortado, sin voces que delaten otros participes, reunidos en algún lugar no deseable, probablemente un bar, un salón Vip de alguna cafetería, un escondite cualquiera que para una mayoría ya no es sorpresa. Hay que decirlo, así se define la vida de denunciantes y denunciados, de demandantes y demandados, de lo que está por detrás de juzgados y sus “decisiones”, de un hijo o una hija abandonado, de un padre que llora a su hijo muerto, de una anciana despojada de su única vivienda, de un sindicato que reclama su pago por bono de antiguedad, así toda la sociedad se ve afectada hasta llegar a lo que tanto nos consterna, ¿un inocente sentenciado?, el rompecabezas se va armando, algunos buscan fichas, otros salieron inmediatamente a matar a una jueza, otros simplemente se esconden en sus aguas sucias, pero ¿porque no buscar las causas estructurales, reales y fácticas de este mal que se parece a la Tisis?. Un monstruo que sabe que lo es, no se mirará en el espejo para cambiar su figura, así de simple.

La pregunta de algunas Instituciones va orientada saber de los artífices de lo que llaman “semejante filtración”, pero críticamente, no es saber quién o quienes provocaron ese aparente daño para x o z institución, sino que ahora sabemos que más allá del objetivo con que se le transmitió este mensaje a la sociedad, al fin nos dimos cuenta que nuestra justicia ya no es de propiedad de todos los bolivianos y bolivianas sino de unos cuantos operadores.

Sin esperar que otro inocente muera con la terrorífica maquinaria de la administración, queda valorar la vida como Derecho Fundamental, la presunción de inocencia maquillada a libre antojo, por errores judiciales. Se trata de un verdadero duelo, que como bien Decía Rui Barbosa, “un duelo entre el Poder y el Derecho, entre la Razón de Estado y la Justicia”.

En fin, allí guarda detención en estos momentos, desterrado, condenado por la grafomanía legal de jueces y fiscales, casualmente Bolivia tiene a su Alfred Dreyfus, de siglos pasados, curiosamente aquel inocente condenado a cadena perpetua por aparentemente revelar secretos militares y confinado a la Isla del Diablo, se parece mucho al médico que escribe desde la cárcel, el mismo a quien el Estado debe salvaguardar su libertad contra una acusación injusta.

Contra aquello que le denomino el Contubernio Monstruoso, ¿qué es lo que queda?, ¿Pensaron que nuestra justicia podía recomponerse por sus inocentes cuidadores? ¿Creyeron que se haría más fuerte después de tantos temblores? Pecaron inocentemente, más sola que nunca, sin rumbo y sin resguardo un día nos pasará factura, probablemente no a esta generación judicial que ira a transcurrir, pero si a los que en un futuro la vamos a administrar, y no la quisiéramos ver en esta situación.

De manera URGENTE, y en voz expansiva, urge buscar la famosa deontología del abogado, recomponer lo que queda de JUSTICIA con los pocos y buenos hombres de derecho que quedan, JUSTICIA para los que día a día transitan sus propios tribunales y todavía tienen esperanzas. El verdadero culpable es quizás cómplice de nuestro desinterés y dejadez, por todo ello deben nacer voces contra la injusticia, especialmente de las y los jóvenes profesionales del Derecho quienes estamos en la tarea de luchar por lo que a otros ya no les interesa.

Dante Luis Escobar Alconcé –  joven Abogado.

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