Trump lo está haciendo muy bien

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…y si, leíste bien, Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, está haciendo muy bien su trabajo.

Comencemos…

Hay un consenso entre diversos partidos políticos, movimientos y gobiernos alrededor del mundo de que el señor Trump sería un sujeto aborrecible, autoritario, déspota, fascista, misógino y por supuesto racista, o sea, es probable que todo eso sea cierto, sin embargo, lo importante no es eso, sino quienes son los que forman esta alianza “implícita” anti-Trump, sectores que se rescatan demócratas, algunos republicanos, socialistas reformistas, socialdemócratas, marxistas de toda laya e incluso algunos gobiernos monárquicos que se presumen como civilizados. Todos estos sectores, por supuesto, desde sus corrientes ideológicas pregonan la idea de que existe un mundo “democrático” contra el fascismo de “Trump”, un mundo que apela a la democracia, obrera, liberal, constitucional, etc., y que el fascismo/populismo encabezado por Trump estaría dañando todos los valores democráticos conquistados en siglos de modernidad.

Esta dicotomía es importante, recuérdenla: fascismo (Trump) vs mundo democrático (anti-Trump).

Cuando las campañas electorales entre los republicanos encabezados por Donald Trump y los demócratas encabezados por Hillary Clinton estaban en su zenit, diversos intelectuales se pronunciaron a favor de Clinton porque consideraban al millonario de New York como un enemigo de la democracia, y otros intelectuales, quizás un poco más avispados optaron por hablar de Trump como alguien mejor que Clinton, esto por dos razones: primero por el nefasto rol que Clinton tuvo en la gestión Obama invadiendo países y destruyéndolos como Siria o Libia y segundo porque alguien de la naturaleza de Trump develaría el verdadero rol fascista e imperialista de Estados Unidos que trata de esconderse tras el velo de una democracia estable y orgullosa, entre estos intelectuales destacan algunos del calibre del filósofo Slavoj Zizek.

Es decir, que se presentaron dos posiciones, unas a favor de Clinton por considerarla continuadora de la democracia estadounidense y otros de Trump por exponer a Estados Unidos como en realidad es, por supuesto también se presentaron otras opiniones, pero que en este artículo no son relevantes.

Ahora, después de la victoria de Donald Trump, las cosas cambiaron un poco, se constituyó una especie de alianza mundial anti-Trump, como detallamos en anteriores párrafos, y que tiene el respaldo de grandes medios de información masivos transnacionales que antes de la llegada del millonario a la Casa Blanca eran fieles defensores de los intereses imperialistas de Estados Unidos, pero que ahora evitan hablar del gobierno de Estados Unidos, para hacer hincapié en los errores de Trump, en sus amoríos, en sus tweets incendiarios o en particularidades con poco sentido, profundizando la dicotomía entre el mundo anti-Trump versus Trump.

Esta dicotomía se ha osificado en diversos círculos periodísticos, en varios teóricos e intelectuales que pregonan la idea de que es en realidad el magnate quien es una amenaza para la paz en el mundo y no así el gobierno imperialista estadounidense, o sea, invisibilizan un hecho latente que es la intervención y el saqueo de los recursos naturales por parte del aparato militar-industrial estadounidense por una falsa dicotomía entre Trump vs el mundo anti-Trump.

En las gestiones de Barack Obama los estrategas norteamericanos trataron de limpiar una imagen manchada de sangre y mentira utilizando un rostro más humano y quizás más progresista como el de Obama, a pesar de las atrocidades que realizó su gobierno y de las falsas promesas, pero fracasaron, labor que parecen estarla consiguiendo con Trump, exponiendo la idea y repitiéndola de que el problema no es el gobierno estadounidense sino, al contrario, solamente las manifestaciones megalómanas del millonario.

Trump está consiguiendo lo que parecía poco probable, limpiando la imagen de Estados Unidos, obvio, si consideramos que el problema es él, solo hace falta desplazarlo para que “todo” el “mundo” vuelva a la normalidad… parecería que el mensaje es claro, que los gobiernos, de izquierda o derecha importa poco,  digan: “Nos salvamos de la destrucción del planeta, que bien que Trump se fue”, cuando en realidad la destrucción continua con Trump o sin él.

Esta idea de que “nos salvamos de Trump” no solo se aplica al mismo Trump, sino a todo lo que se parezca a Trump, no es ocasional que varios teóricos, bastante limitados intelectualmente en realidad, traten de encontrar comparaciones entre el presidente de los Estados Unidos con gobiernos populares y con sus líderes para de esta manera crear cierta identidad entre los líderes que no comulgan con los intereses de estos grandes grupos de poder militar y económico.

Trump está realizando una labor excepcional, y también sus estrategas, de eso no cabe duda, está logrando limpiar la imagen de los Estados Unidos.

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