Televisión basura…. ¿Es realmente ese el problema?

“Suavecito para abajo para abajo para abajo  

Suavecito para arriba para arriba para arriba

Suavecito para abajo para abajo para abajo

Suavecito para arriba para arriba para arriba”.

Fabio Zambrana, ex vocalista Azul Azul

Ya es conocido el lid que se suscitó entre el ex vocalista de la banda “Azul Azul”, Fabio Zambrana, y la televisión basura en el país, paradójico que quién devele este problema como es el consumo de basura mediática sea una persona que ha sido beneficiada por ese tipo de tratamiento mediático, es decir, alguien que producía música basura como también literatura basura…

Aunque ir por esa vertebra nos llevaría a una crítica superficial y light del problema, apelando a falacias ad hominem, o al sujeto, en lugar de ver el mensaje, algo así como matar al mensajero porque se piensa que él sería el mensaje, y no ver el trasfondo del problema, que sigue siendo el consumo de basura mediática diariamente.

Al hablar de televisión basura, o telebasura como se conoce teóricamente, hablamos de una forma de hacer televisión donde so pretexto del entretenimiento se emiten mensajes con poca o ninguna importancia social y también con mensajes que buscan la abstracción del sujeto de sus propias realidades socioeconómicas y/o políticas-culturales, en pocas palabras se busca alienar al sujeto…

El término es corto para explicar una realidad, porque no solo se debe hablar de telebasura, sino también de radio basura, prensa basura, literatura basura y si ingresamos a otros ámbitos también de comida basura, en el fondo todos estos fenómenos son manifestaciones de un mismo elemento, aunque por el momento solo hablaremos del aspecto mediático.

La cantidad de basura mediática que consumimos habitualmente es inmensa, desde redes sociales hasta la radio o la prensa escrita, este tipo de mensajes se caracterizan por: a) atomizan al sujeto de la sociedad, esto quiere decir, construyen una realidad ficticia del sujeto donde él se visualiza a sí mismo como parte ajena a los problemas sociales, b) transmutan una escala de valores anteponiendo intereses ficticios a los reales, por ejemplo, el uso de ropa de determinada marca, c) “des”politizan a sus receptores construyendo una determinada cadena de anhelos y desprecios, y de roles que, en teoría, asegurarían el éxito, en otras palabras refuerzan determinados estereotipos sociales, inútiles para cualquier actividad de cambio social y por consecuencia  también político, d) impulsan la hipersexualización de las personas, y en particular de las mujeres, y finalmente, e) coadyuvan en la conservación del statu quo, que es en el fondo el mensaje primordial de la basura mediática.

Ya vimos el objetivo y las características de este tipo de mensajes, ahora nos preguntamos ¿Por qué tanta basura? ¿Cuál es el interés de emitir tantos mensajes sin un contenido responsable y ético? Esto fundamentalmente se debe a dos aspectos, ambos intersticialmente relacionados, el primero es la cosificación de la realidad y el segundo la relación que existe entre el poder mediático y el poder económico. En el primer caso, sin entrar en debates más amplios, es simplemente la construcción discursiva de ver a todo lo que es ajeno a mi como cosa, pueden ser personas, animales, objetos, etc., lo que impele a identificar la realidad como pasible de ser controlada, destruida y manipulada, es decir, catapultando hacia un mundo fetichizado e inamovible, esa es la principal razón de ver mujeres desnudándose para vender un mueble o de ver hombres llenarse el cuerpo de esteroides para cumplir los estereotipos que los medios impulsan, o de ver programas de farándula donde tratan como cosas a las personas que participan de ellos. En el segundo aspecto, en la relación entre el poder económico y el mediático, se tiene un fenómeno que es connatural en todo el mundo y es la alianza del poder económico y de las clases que lo representan (oligarquías y burguesías) con la emisión de mensajes que respondan a su concepción del mundo, esto explica la necesidad imperativa de reproducir sus intereses económicos mediáticamente, por ejemplo, grandes empresarios en Bolivia son dueños de medios de información, el caso de UNITEL es ejemplar en este sentido. A pesar que en el país no existe una gran concentración de medios en pocas manos como sucede en México o en Argentina, los dueños de estos medios, en su mayoría, responden al mismo criterio.

Finalmente con el panorama medianamente desarrollado, caemos en la última pregunta de este artículo ¿Qué hacer con esta basura mediática? Eliminarla o censurarla no sería el camino, esto sencillamente porque la censura o la prohibición no elimina el problema solamente lo “clandestiniza”, y porque quienes emiten este tipo de mensajes son las clases dominantes, por consecuencia, difícilmente permitirían cualquier tipo de censura por parte del Estado (obvio al menos que sean ellos quienes censuren a los medios contrahegemónicos, en ese aspecto si conocen mucho sobre censura), así también, existe un amplio público que goza con este tipo de programas que no permitirían una censura, provenga de donde provenga. ¿Construir una conciencia en los perceptores? Aunque el camino correcto va por la concientización de las personas, en un mundo fetichizado y cosificado, la búsqueda de conciencia es casi inútil… ¿Qué sentido tiene concientizar a las personas de la basura mediática que consume, cuando sigue reproduciendo las mismas condiciones que permiten producir ese tipo de basura mediática, es decir, sigue reproduciendo las condiciones capitalistas de explotación y de fetichización mercantil que crean los márgenes de posibilidad para la basura mediática? Empero, a pesar de lo inútil que parecería en primera instancia la búsqueda de la concientización sobre la basura mediática, es inevitablemente el primer paso para alejar a las personas de este tipo de consumo que al parecer inofensivo es cómplice de que las personas se mantengan apáticas ante los problemas reales, pobreza, concentración de la riqueza, explotación laboral, abuso de poder, etc.

El problema no es solamente la televisión basura, sino toda la basura estructural en la que nos desenvolvemos diariamente.

José Llorenti

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