¡Quiero vivir en Dictadura!

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Cómo extraño esos días donde los revoltosos salían a protestar y con suerte sus familiares encontraban sus cuerpos. Algunos siguen desaparecidos porque fueron aventados desde un avión al lago Titicaca.
Recuerdo esos gloriosos toques de queda para que nadie ande deambulando hasta tarde. Los badulaques tenían que buscarse algo que hacer y dejar de ser improductivos. ¿Fiestas en fin de semana? ¿Qué era eso? Todos en su casita y en silencio.

Salir a las calles por la mañana era un espectáculo, filas de hippies y sindicateros detenidos camino al matadero mientras nuestros valientes militares hacían gala de sus ametralladoras apuntando a quién ose escapar. ¡Qué tiempos aquellos!
¿Libertad en los medios de comunicación? Libertinaje será. Hoy dicen, escriben y publican lo que les da la gana los más de 18 periódicos, canales de televisión y 650 estaciones de radio. Para colmo ahora tienen Facebook y Twitter para hacer cadenitas virales. En 1971, 100 de los 250 periodistas afiliados a la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia (FTPB) fueron exiliados por su manifiesta adhesión a la tesis Política de la Central Obrera Boliviana. En ese entonces, 4 de cada 10 periodistas fueron expatriados, torturados o desaparecidos. ¡Que hermosa era esa época!
¿Derechos Humanos y Democracia para todos? “Mátenlos, que yo respondo” decía nuestro querido estadista. ¡Por favor, que regrese la represión y los ponga en su lugar!

Se fueron acostumbrando a ese discursito populista de la soberanía económica. Antes teníamos al BID o al FMI ayudándonos con la inflación del 50%, como pasó en el 74. Los banqueros internacionales venían a Bolivia, se hospedaban en los mejores hoteles y eran tratados como reyes. Todo el populacho actual los hizo escapar. ¡Qué bien estábamos cuando estábamos mal!

Para colmo, son unos parásitos que viven a costa del Estado. Los ancianos, las embarazadas y los indios deberían aprender a trabajar como lo hacemos todos y dejar de recibir bonos subvencionados con nuestros impuestos. ¡Basta de apoyar vagos!

Hoy las empresas transnacionales no quieren venir a Bolivia porque en su lugar crearon empresas estatales. Cómo olvidar lo que hizo la ITT en Chile que acabó con la presidencia de la Unidad Popular de Allende. Pobres empresarios internacionales que ahora tienen que migrar a Medio Oriente y sobrevivir al caos y a la guerra en esos lugares. ¡Que retorne USAID, la Standard Oil y la United Fruit!
¿Consultar las leyes al Pueblo? Pero si el pueblo es ignorante. En el memorable 1971 la famosa Ley de Inversiones liberaba totalmente a las transnacionales de derechos arancelarios sobre toda importación, exención de impuestos, libre e irrestricta disponibilidad del capital para la amortización de las inversiones y el pago de dividendos, concesión gratuita de terrenos industriales y de tierras fiscales para las exportaciones, dado que nuestra empresa nacional es un desastre. ¡Eso era gobernar para los emprendedores! Ni qué decir del Código Davenport que llegó enterito en inglés, para quienes entendemos ¡claro está!
¿Educación para todos? Qué lindo era cuando solo el 30% de la población sabía leer y se podía gobernar sin confrontación. Los indios y los pobres andaban marginados pero así eran felices y vivían tranquilos. Darles educación gratuita y accesible solo los perjudicó.

Con la Alianza para el Progreso recibíamos ayuda internacional, traducida en armas, para luchar contra el terrible avance del Comunismo. Nuestros héroes: Pinochet, Méndez Aparicio, Videla, Banzer, Stroessner, Somoza, Ríos Montt, Castelo Blanco y Duvalier lograron acabar con el absurdo sueño de independencia. En estos tiempos los socialistas pretenden volver otra vez a tratar de conquistar este territorio que, por designio divino, le pertenece a los Estados Unidos de Norteamérica.

¡Únete a la lucha! Que retornen esos célebres días de dictadura plena, donde a quienes no les gustaba cómo andaban las cosas debían persignarse cada mañana y andar con el testamento bajo el brazo. 90,000 desaparecidos dejó a su paso el periodo dictatorial en Latinoamérica.

¡Que privaticen los recursos naturales, que vendan todo, que controlen nuestras vidas, que nadie pueda decir nada! Tanta democracia es malo. Calladitos y atemorizados se ven más bonitos.

 

Javier Espada, Abogado

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