QUE SE SUSPENDA TODO

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Que se suspenda todo.

Que se suspendan los carnavales, la borrachera, la indiferencia.

Que se suspenda la amargura, la pobreza y los niños explotados.

Que se suspenda la violencia, los feminicidios y los piropos callejeros.

Que se suspenda todo.

Que se suspenda el racismo, la discriminación y la exclusión social.

Que se suspenda la falsedad, los medios vendidos y la mentira.

Que se suspenda la deforestación, la tala indiscriminada y el biocidio.

Que se suspenda todo.

Que se suspenda el orgullo, la vanidad y el consumismo desmedido.

Que se suspendan a los políticos y a los burócratas. De paso, que se suspenda la corrupción.

Que se suspendan las industrias y los negocios, comenzando por los que más contaminan y los que provocan la guerra.

Que se suspenda todo.

Que se suspendan las iglesias y a quienes venden la fe ofreciendo un espacio de cielo que ya no los hemos ganado.

Que se suspendan a los malos profesores y maestros, esos que enseñan a obedecer sin cuestionar.

Que se suspenda el uso del vehículo, el avión y el tren a carbón.

Que suspenda todo y a todos. Paremos el mundo. Volvamos a comenzar de nuevo y recuperemos nuestro estado natural, ya que esta obsesión por lo “civilizado” no nos ha llevado a ningún lugar.

Volvamos a ser empaticos, a preocuparnos por los otros aunque no sean iguales a nosotros. Recuperemos esa humanidad que se oculta en la búsqueda constante de la fama y el reconocimiento individual. Encontremos nuestra escencia, que ha sido aturdida por el ruido y el brillo del dinero. Descubramos que podemos ser más que selfies y músculos. Y allí, volvamos a amarnos todos, como en el principio de los tiempos.

 

Javier Espada

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