Nalgas, tangas y vírgenes

Square

Por Eduardo Lohnhoff Bruno*

La pintura de Rilda Paco causó conmoción en las redes sociales. Una virgen mostrando voluptuosas piernas y en tanga. Conservadores y fundamentalistas religiosos la atacaron con todo el peso del fanatismo irracional.

El posmodernismo (que es una corriente nacida cual opio en las ciencias sociales como respuesta al fracaso de la racionalidad moderna) trajo en boga el relativismo cultural, donde se presume que es la mejor forma de entender la interacción de las culturas, donde confluye el cáncer mayor llamado multiculturalismo. Como explica Zizek: “El multiculturalista liberal puede llegar a tolerar las más brutales violaciones de los derechos humanos, o cuando menos, no acabar de condenarlas por temor a imponer así sus propios valores al Otro”. El otro extremo es el etnocentrismo, donde una cultura es considerada como superior o mejor que las otras, en Bolivia el andinocentrismo anuló e invisibilizó, por ejemplo, las culturas de los pueblos originarios de las tierras bajas. Y ese error lo cometen desde antropólogos, etnólogos hasta personeros de gobierno. Lo peor es que el andinocentrismo es alzado como bandera del multiculturalismo y del relativismo cultural, siendo falacia al fin y al cabo.

Decir que una advocación en particular, regional representa la totalidad de una cultura nacional es tan cierto como decir que un baile en particular, el Cancán, representa el baile del planeta tierra ante los ojos de todo el universo. Y ahí está el quid de la cuestión, mas allá de todo, no se critica la pintura de Rilda Paco por su valor artístico o no, o por “totalidad extensiva”, como diría Lukacks en su “la estética”. Se la crítica por supuestamente “atacar Oruro” y no hacer lo mismo con el Gran Poder paceño (Rilda que nació en Oruro y radica en La Paz). Es una indignación regionalista, por ende política. Es un juicio de valor político travestido de connotaciones religiosas y regionalistas.

Por otro lado, los defensores de Rilda, provenientes de una pequeñaburguesia que se cree culta y progre, ataca el Carnaval de Oruro, mostrando fotos de devotos vomitando u orinando (cosa que sucede en cualquier fiesta, independiente si es religiosa o no, donde haya copioso expendio de bebidas alcoholicas). Esa crítica es clasista y hasta racista. Donde las manifestaciones populares son consideradas, literalmente, “basura cultural para consumo de las masas”. Es regionalista (incluso racista) y clasista la contraposición de la pintura (que a mi particularmente no me gusta por fea y simbólicamente muy pobre) con las bailarinas semi-desnudas tanto del Gran Poder como de la entrada del Socavón. Eso es caer en el reduccionismo cultural, el etnocentrismo en nombre de la libertad de expresión (palabrita favorita de los paladines del racismo encubierto de arte). El movimiento que surgió en las redes de apoyo a Rilda es un movimiento esteticista pequeñoburgues, porque ese mismo movimiento no se indignó con la chica de clase media alta que violenta una señora de pollera. Hay complicidades racistas ahí. Lo único cierto, es que la nueva configuración de la lucha política, tenga la forma que tenga, se va dar a nivel regional e intrarregional.

Es desde la regiones que van surgir las polémicas más radicales e incluso las más estúpidas de todos los tiempos, así que prepárense.

 

*Eduardo Lohnhoff Bruno, nació en San Ignacio de Velasco, Santa Cruz, es miembro de la dirección nacional de la Juventud Comunista de Bolivia.

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