Los héroes de Canchas Blancas (noviembre 1879). La victoria opacada por la prioridad de arrebatar la Presidencia al entonces presidente Hilarión Daza (1876 – 1879)

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Transcurrido más de 9 meses desde aquel 14 de febrero, memorable en la psiquis boliviana. Las Fuerzas Armadas nacionales junto con las aliadas (Tratado de Alianza Defensiva Perú-Bolivia 1873) compartían tácticas militares en su intento por detener el avance chileno. En la aurora de esta guerra concurrimos como fuerza de apoyo teniendo en cuenta que nuestra logística militar no era apta para el desarrollo de la guerra – así como en las venideras guerras – por faltas de política de Estado. Aún con esta desventaja marchamos con, ímpetu y coraje, hacia un desafío que nos encaró. Inesperadamente, las batallas estratégicas libradas no obtuvieron el resultado esperado, afectando el ánimo de guerra tanto la de los soldados como la de los civiles. Tal caso se manifestaría en suelo peruano en la que sus pobladores aguardaban con recelo y molestia la desconfianza que generaba las malas decisiones tomadas por los conductores del ejército boliviano; nada extraño sería escuchar: “¡bolis traidores!, ¡hipócritas!, ¡nos arrastraron a una guerra, donde nosotros ponemos y perdemos más que ustedes!”. Todo esto pudo ser dicho sin tapujos por los pobladores peruanos a la cual sin rechistar los soldados bolivianos lo asimilaron como verídico. La reflexión era necesaria para comprender el destino de los avatares de la política.

Entonces, la primicia en la planificación de estrategias militares fueron secundares a la conspiración política por parte del Gral. Campero junto a Aniceto Arce (magnate industrial de la minería, así como el principal accionista de la cuestionada mina Huanchaca) contra el presidente Hilarión Daza, pues es de conocimiento el comportamiento de la Quinta División (la mejor organizada y preparada para desplazarse a recuperar un territorio que jamás tuvo la oportunidad de ser luchado) al mando del general Narciso Campero, quien bajo su mando la caracterizo como “la división errante” dada que su contribución a la guerra es cuestionada. Lejos de contribuir al esfuerzo bélico se dedicó a conspirar para derrocar al gobierno. Y entre esos movimientos políticos vio la necesidad de deshacerse de las tropas, de alguna que otra forma, que no le fueran de confianza. Esta decisión de deshacerse de la tropa lo llevaría a ser conocedor de una batalla cuya grandeza fue oculta con fines políticos. Esta batalla en la sombra se encuentra registrada en el diario del coronel Adolfo Apodaca, participe de grandiosa victoria, que relataba las cuestionadas acciones del Gral. Campero al mando de la V división y su continua desobediencia al presidente de la república.

La batalla de Canchas Blancas fue comandada por el coronel Lino Morales al mando de 800 hombres que partieron en dirección a Canchas Blancas desde San Cristobal. Conocedor de los movimientos del enemigo, información que le fue proporcionada por los chasqui (mensajero del sistema de correos del imperio Inca, aún en vigencia durante la República), que contaba con alrededor de 1.500 hombres, con artillería, caballería e infantería bien pertrechada. Advertido de esta desventaja numérica debió asegurar una victoria contundente, la cual el factor sorpresa fue decisivo. Su plan consistió en dividir las fuerzas en tres columnas en forma de luna y posicionarlas en una quebrada que albergaba una laguna temporal (por cuestiones climatológicas) que atrajo a los chilenos sedientos por aquella travesía desértica rumbo al interior de Bolivia. Tras la orden de ataque y posteriormente los gritos de euforia de la hazaña que supuso aquella victoria sobre los chilenos que inocentes de saciar su sed agilizaron su marcha hacia la laguna desprovistos de sus equipos e ignorando su entorno a los posibles riesgos a suscitarse, y de los que fueron sorprendidos por el accionar del soldado boliviano.

Finalizada la batalla se dispuso a recoger el “botín de guerra”. Entre todos los objetos abandonados  por los chilenos en su huida se pudo evidenciar cierta documentación que corroboraría las interrogaciones realizadas a los soldados chilenos. Confirmándose un complot que arrastraría a Paraguay y Argentina.

El objetivo chileno fue dirigirse, con intención de tomar Potosí, Chuquisaca y Sucre, a la frontera con Paraguay promoviendo allí mediante propaganda a través de los folletos incautados, que narran un capitulo negro de dicho país, La Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay, 1864-1870). Generando así un clima hostil contra Argentina, pues esos folletos estaban dirigidos con rencores hacia los argentinos por la pérdida de territorio. De este desenlace surge una teoría:

Al no solucionarse aún la administración territorial de la Patagonia entre Chile y Argentina, Chile establece una estrategia de “doble filo” en la cual su principal enemigo seguirá siendo Bolivia, a su vez no perdería su pretensión sobre la Patagonia, siempre y cuando Argentina se encontrara en un conflicto el bélico – en el mejor de los casos para los chilenos – con Paraguay. Esta maniobra garantizaría que Argentina no formara parte de la alianza defensiva que existió entre Perú-Bolivia. Garantizada su victoria sobre el litoral boliviano y arrinconando a Perú, Chile podría tomar acciones para oficializar su dominio sobre la Patagonia.

Claro que esto no se dio debido a la victoria boliviana en Canchas Blancas que detuvo la odisea chilena sobre el sur de Bolivia, lo que garantizo la preservación de la riqueza mineral.

Patagonia pasaría a manos de Argentina a razón de la presión diplomática que consistió en amenazar a Chile con ingresar a la guerra a favor de Bolivia y Perú. Chile por su parte perdió más territorio del que ganó a Perú y Bolivia al ceder la Patagonia al tratado de límites de 1881. La razón de ceder su pretensión resultaba clara. La diferencia entre esto territorio, Litoral y Patagonia, fue la económica por la cual no resulta difícil comprender ni necesidad a debatir que terreno me resulta más rentable luchar por ella.

Como conclusión. Nuevamente una parte de la historia boliviana revela como los intereses personales se ponen por encima de los intereses del Estado. De igual forma, la otra parte del conflicto, logra que los intereses económicos de pocos se convirtieran mediante un discurso en intereses nacionales, innegables a cualquier contraposición.

Bolivia nuevamente tiene la oportunidad de luchar por un territorio que le ha sido ofrecido a negociar en numerosas ocasiones pero lamentablemente jamás llevadas a cabo. Hoy nuevamente los bolivianos estamos prestos a no cometer los errores del pasado y continuar esta lucha legítima sin detenernos donde no primaran las armas, por el contrario primara LA DIPLOMACIA como único instrumento que garantice un acuerdo satisfactorio para ambas partes.

Este artículo puede ser corroborado mediante la Academia de Historia Militar de Bolivia.

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