Las dos Bolivias y nuestra actitud en el continente

Una frase que escuche en una charla del famoso estratega, asesor y diplomático Zbigniew Brzezinski iba más o menos así: “La historia es a las naciones lo que la personalidad a las personas”, más allá del uso que el daba de la frase para afirmar que nunca una paz duradera se podría lograr entre Rusia y occidente el experto no era falaz en su afirmación.

Tomemos por ejemplo Brasil, nacida de la única transición monárquica en una colonia americana Brasil se constituyó en el más grande imperio esclavista de la historia humana hacia finales del siglo XIX. Heredera directa de una corte imperial que apenas se modificó con la independencia, el Estado nunca rompió con ese hilo que lo ataba a la monarquía oligárquica propia del siglo XVII y que en el siglo XIX ya resultaba una reliquia. Como dice José Natanson en el milagro brasileño:

 

“Si hubiera que elegir al actor protagónico de la historia brasilera, sin dudas sería el Estado… Esta primacía del Estado brasilero se explica, como ya reseñamos, por su origen importado de Portugal y por la cohesión de las élites en el marco de una sociedad esclavista primero y excluyente después.” (pág. 202)

 

Así sin temor a exagerar podríamos decir que Brasil se concibe a si mismo como una extensión casi infinita de haciendas y minas (complejos agroindustriales y minería de cielo abierto en el siglo XXI) que a través de sus carreteras desembocan en los puertos-ciudades de Sao Paulo, Rio de Janeiro, etc. Esta nación, construida con el cazador de esclavos o bandeirante como héroe nacional, expresa su narrativa interna en su diplomacia: desde el intento de invasión a la junta de Buenos Aires para liquidar el grito independentista del sur hasta la planificación del golpe de Banzer en 1971 el Estado Brasileño ha llevado a cabo una política de expansión y hegemonía conservadora que se rompió brevemente en el gobierno de Lula. Así, la historia brasilera determina y sigue determinando la política interna y externa del país.

 Entonces, dado el ejemplo de Brasil, ¿cómo pensar el caso boliviano? En el caso de Bolivia debemos partir de dos preceptos: diferenciar a Bolivia del núcleo de lo boliviano y acto seguido encontrar en ese núcleo la contradicción indio-blanco. Lo primero refiere al hecho que Bolivia no actúa como un solo ente político-social sino desde 1980, los procesos de construcción de historia colectiva en los llanos cruceños, el chaco y el amazonas tienen siglos de divergencia, lo cual se refleja en narrativas y construcciones sociales totalmente diferenciadas, por ejemplo lo camba funciona como una figura verdaderamente mestiza, algo impensable en los andes Bolivianos. Por tanto, para hablar de Bolivia tenemos que hablar del núcleo de lo boliviano que son el altiplano y los valles, que, aunque no es la única forma social en Bolivia, si ha sido la hegemónica por lo menos los últimos 200 años.

Al definir este núcleo empezamos con el segundo elemento: en estos andes la división colonial genera una división social muy marcada, que siguiendo a mi amigo Llorenti la podríamos definir como una estructura de castas, que funcionan como un todo dentro de una lógica de polarización: en esta sociedad existen dos polos simbólico-culturales en constante batalla donde uno es dominante el dominio de los simbólico-cultural blancoide sobre lo simbólico-cultural indio, estando toda la población al medio de estos dos polos, con distintos grados de identificación con cada polo respectivamente.

Históricamente hablando el polo blanco nace como forma reaccionaria durante y después del levantamiento de Tupac Katari, hecho histórico que caló tan profundo en el inconsciente social que lo que definimos paceño y/o aymara se fundó ahí como fenómeno social. Este polo blancoide sobre el cuerpo descuartizado de su enemigo va a construir un Estado a su imagen y semejanza que va a ser la Bolivia republicana que empezó a morir en 2003, para ser enterrada con la actual constitución y el nacimiento del Estado Plurinacional.

A nivel interno y externo la Bolivia republicana sólo podía entenderse como un armazón de protección del polo blancoide en contra del polo indio, un Estado que conceptualizaba su mayor enemigo en lo interno y viéndose siempre a si misma como en estado de zozobra constante nunca vio interés en defender sus fronteras o siquiera su honor nacional sino como método de contener lo social, como en la guerra del chaco. En medio del concierto de las repúblicas blancas latinoamericanas Bolivia se asumía a si misma como la hermana menor y más débil, actuando en consecuencia.

Pero ahora vivimos en otra Bolivia, la Bolivia plurinacional. Esta nueva Bolivia es hija directa del polo indio en la medida que es la concretización de sus intereses, esta Bolivia es una Bolivia cuyo fuerte reside justamente en la creación de uno de los pactos sociales más sólidos e inclusivos de la historia del continente. De esta manera el nuevo Estado conceptualiza a su enemigo en lo externo, no dubitando en atacar a los intereses extranjeros cuando las masas así lo pidan, por ejemplo, al nacionalizar Petrobras o las distribuidoras eléctricas Españolas.

Esto justamente es lo que no entiende la actual diplomacia Chilena y Brasileña. Chile no entiende que la Bolivia que se enfrenta el la Haya o con los soldados detenidos no es la hermana sumisa y débil que firmó el tratado de paz de 1904; así mismo Brasil no entiende que por más buenos deseos que tenga Branco Marinkovick y sus cumpas allá en Rio de Janeiro no podrán hacer una entrada triunfal similar a la de Banzer. Incluso los gringos con su apuesta incesante al polo blancoide a través de sus figuras más representativas entienden poco a poco que las posibilidades de volver a antes de 2005 son muy escazas.

La consolidación del Estado Plurinacional ha estado seguida en poco tiempo de algunas de las victorias diplomáticas más grandes del país, con la consolidación del proceso y las perspectivas de un crecimiento económico meteórico en la próxima década, nos debemos preguntar cuáles serán los nuevos laureles y victorias que alcanzarán las masas de este país Lo único que es claro ahora es que el optimismo ya no es una opción sino una obligación para todos los nacidos en esta tierra.

 

Camarada Yusuf

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