La última batalla del Mallku

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La intervención de Felipe Quispe en el conflicto entre cierto sector de la población de Achacachi con el alcalde masista, Edgar Ramos, ha develado dos fenómenos profundamente interrelacionados y al mismo tiempo trascendentales en el campo ideológico-político y también sociológico, mismos que van más allá del simple pedido de renuncia del burgomaestre de Achacachi por actos de corrupción o del hecho de que este conflicto sería algo estrictamente municipal o local.

El “Mallku” fue quien acuñó el término de “indianismo katarismo” en el año 1986 (Quispe: 2014) para referirse a cierta necesidad imperiosa del indianismo de reencontrarse con su propia radicalidad dejando de lado la cómoda posición que había adquirido en los años 80s con el sindicalismo economicista y el amautismo reinaguista.

Pero vamos por pasos.

El indianismo como corriente crítica y anticolonial nace en el país ante las limitaciones de la ideología nacionalista revolucionaria de entender el problema colonial en el país y de subsanar y completar las tareas sociales y culturales previstas por una revolución social. La primera limitante del nacionalismo movimientista radicaba en homogenizar a todos los ciudadanos bajo el precepto de mestizo, queriendo de esta manera, encubrir las relaciones coloniales entre el criollo y el indio, y también entre el mestizo y el indio, en un sencillo ejercicio mecánico de tomar dos realidades antagónicas y decir que ambas son notables solamente en el contexto de una tercera que sintetiza las virtudes de las que la preceden, me explico, se pensó al país entre indios y europeos, y se tomó la idea intermedia del mestizo como la mezcla perfecta de ambas olvidando la racialización del sujeto que se presentaba y se presenta aún en el país.

La otra limitante del nacionalismo revolucionario era la negación de la existencia de múltiples nacionalidades opuestas a la boliviana en el país y que éstas serían decimonónicamente anteriores a la boliviana, sin embargo, eso no sería todo, sino que éstas nacionalidades como referentes históricos y políticos subordinarían sus vivencias y sus propias memorias a la historia oficial escrita por los mestizo-criollo citadinos, fundamentalmente aquellos familiarizados con la historiografía tradicional y oligárquica colonial, incluso aquellos marxistas dogmáticos y ortodoxos que entendían el problema de la colonialidad sencillamente como algo secundario a la lucha de clases.

El mayor expositor de esta corriente del pensamiento, por lo menos en primera instancia fue el señor Fausto Reinaga, atravesando él, dos períodos profundamente ricos teóricamente, el nacionalismo marxista en primera instancia, es decir, una explicación del país desde la dialéctica materialista y las aporías de un Estado Nacional embrionario y la segunda etapa, aún más reveladora que la primera: la del indianismo. Fieles a los aportes teóricos de este autor, en la segunda etapa se nota también la influencia que la dialéctica marxista tuvo en su pensamiento expresando la relación fatal y estructural colonial del mestizo y el indio casi miméticamente como la del burgués y el proletario. Al punto de aseverar que una vez destruido el mestizo como identidad hegemónica nacional, el indio también desaparecería, lo mismo que acaecería si el burgués desaparece como sujeto histórico de la modernidad capitalista arrastrándose con él al proletario. El indio tiene en ese contexto más de proletario que de burgués, fundamentalmente porque se maneja dentro del espectro de lo encubierto por la colonialidad capitalista y porque la identidad india como la proletaria, tienen por objetivo dejar de ser tal.

En resumen el objetivo del indio es dejar de ser indio y el objetivo del proletario es dejar de ser proletario.

Esta rica vertiente teórica y política tuvo su estancamiento ideológico al momento en que el mismo Reinaga ingresa a su tercera etapa epistemológica, categorizada después como pensamiento amáutico, algo así como la antesala de lo que se conoce actualmente como el pachamamismo, convirtiendo este pensamiento crítico sencillamente en una relación onírica entre la metafísica del recuerdo añorado y la búsqueda del Edén ajeno a cualquier vicio materialista, en otras palabras, impulsando la metafísica del indio muy cercana al indigenismo pre-indianista de comienzos del siglo XX.

Ahora expuesto esto, nuevamente tomamos la idea esgrimida por el Mallku en 1986 sobre retornar al origen del indianismo de la mano de un katarismo radical mediante la toma del poder de las maneras que sean necesarias, incluyendo la lucha armada, la toma de sindicatos, el parlamento, la movilización popular, etc., y expurgar de su seno cualquier elemento entrópico “revisionista” que arroje al indianismo nuevamente a ser una corriente política inerte e indefensa para el k`ara y su orden colonial. “Felipe Quispe ha trazado el tupakatarismo revolucionario a partir de la conjunción del pensamiento político-militar de Tupak Katari y de la ideología indianista de Reinaga (…) fundando el indianismo-katarismo”. (Quispe: 2014, pp 23)

El señor Felipe Quispe nació en una familia campesina aymara en la provincia Omasuyos del departamento de La Paz, inspirado por las ideas comunistas en primera instancia hasta llegar al indianismo, aseverando años después que “el marxismo es la enfermedad del indianismo”. Posteriormente participó de la creación del Movimiento Indio Tupak Katari en 1978, exiliado después tras el golpe de García Meza, donde adquirió experiencia en batalla con el Frente Farabundo Martí en El Salvador y el Ejército Guerrillero de los Pobres en Guatemala. Retornaría a Bolivia en 1983 fundando el Movimiento Ayllus Rojos e incursionando en la lucha armada años después en el Ejército Guerrillero Tupak Katari y finalmente en la vida sindical; terminó siendo diputado nacional por el Movimiento Indio Pachakuti (MIP) y uno de los protagonistas en el levantamiento popular contra el gobierno oligárquico y neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos D. Mesa Gisbert.

Desde la llegada al poder de otro indio, del señor presidente Evo Morales el año 2006, el rol de Quispe fue cada vez menos dentro de la política nacional, al nivel de vivir cierto momento en el ostracismo ideológico.

Sin embargo, actualmente esto cambia  con el problema que se suscita entre ciertos pobladores del municipio de Achacachi con su alcalde, donde la figura prominente y de lejos la más visible es Felipe Quispe, movilizando personas y recursos para continuar con la lucha anticolonial que el mismo defiende y que considera aún necesaria.

Empero, ¿Por qué sería ésta la última batalla del Mallku? Por dos razones fundamentalmente, la primera porque los seguidores indianistas que actualmente apoyan la manifestación política en Achacachi no comulgan con el indianismo katarista radical de Felipe Quispe, estas personas ligadas fundamentalmente al MINK`A y a otros grupos menores, o también a otros grupos kataristas conservadores como los untojistas (o movimiento AYRA) o los movimientistas kataristas de Victor Hugo Cárdenas tienen una percepción del hecho colonial muy diferente del que pregona y expone Quispe, por ejemplo, el untojismo partiendo de la inexistencia de la relación mestizo-indio, por considerarla colonial, niega a la dialéctica como análisis metodológico, y toma criterios que oscilan entre el economicismo burgués funcionalista y el positivismo defendiendo una lógica mercantil india que sería la forma de desenvolvimiento del mismo indio, anteponiendo la idea de que el indio debe pelear por tener mejores condiciones en el interior del capitalismo para empoderarse económicamente y no visualiza las relaciones económicas de subordinación y explotación que se presentan en un sistema capitalista mundial e imperialista.

Así también, el ex vicepresidente, Víctor Hugo Cárdenas, sin caer en el ultraliberalismo untojista, toma la idea de que es posible que los indios desde un katarismo moderado puedan coexistir con los mestizos siempre y cuando las relaciones se presenten en un molde democrático constitucional burgués con una base económica capitalista neoliberal, totalmente opuesta a las ideas de Felipe Quispe.

Finalmente otros grupos indianistas como el MINK`A, que teóricamente son más vastos y profundos que los anteriormente nombrados, se encuentran ajenos a cualquier tipo de lucha política armada y sindical, prefiriendo las aulas universitarias, los simposios académicos, las charlas con organizaciones socialdemócratas europeas como la Konrad Adeneuer Stiftung, la elaboración de políticas públicas etc. Este último movimiento político indianista, muy crítico del gobierno actual por acusarlo indigenista y pachamámico, mantiene una línea ideológica indianista ajena a la defendida por el Mallku, a pesar que en su interior son muy plurales,  están enraizados en los análisis racionalistas y modernizadores de la tradición occidental positivista, bajo el criterio de que los indios quieren vivir en la modernidad pero no en cualquier modernidad sino en la modernidad capitalista y liberal basada en valores democrático-republicanos. Gracias a esta percepción filosófica y epistemológica de la realidad es que defienden en términos políticos el institucionalismo, la economía del mercado y el individualismo y se oponen a la toma de sindicatos campesinos o urbanos, para cambiarlos por el parlamento o los centros académicos formales donde puedan exponer sus ideas sobre la colonialidad.

Este último grupo indianista en sus análisis no eliminó la contradicción fundamental del indianismo, entre indio y mestizo, sin embargo, la contaminó bajo la óptica del individualismo metodológico a la contradicción falsa y reproducida por los grandes centros hegemónicos académicos a la del populismo y el institucionalismo y del totalitarismo contra la democracia.

La segunda razón por la cual ésta sería la última batalla del Mallku, es que el advenimiento de un neoindianismo impulsado por los jóvenes indianistas se realiza no ya desde la comunidad campesina o desde los sindicatos, sino desde la tranquila urbanidad y las aulas universitarias con problemas ajenos a los que Felipe Quispe planteaba hace años (muchos de ellos ya resueltos por el gobierno de Evo Morales), estos jóvenes indianistas están más interesados en justificar teóricamente su necesidad de consumo, su incursión dentro del capitalismo y la modernidad, además del goce de la tecnología y la ciencia y el empoderamiento del pueblo aymara y en menor medida quechua en relación al Estado Plurinacional.

Esta dos razones, la de la lejanía ideológica y política de los indianistas actuales al indianismo de Felipe Quispe, y la explicación sociológica de un cambio generacional en los jóvenes indianistas nos deja entrever que el apoyo de estos sectores a las movilizaciones de Achacachi son más bien míticas y cuasi religiosas ante un líder tan importante para la historia boliviana como lo es el Mallku, más que una adscripción a su pensamiento.

Así también, cuando hablamos de la última batalla no nos referimos a que sea la última vez que Felipe Quispe participe de una movilización de esta naturaleza, a pesar de tener 76 años, sino que el indianismo que él pregonaba ya no tiene la potencia que tenía en otrora porque las condiciones cambiaron, tanto gracias a sus propias movilizaciones como a la construcción del Estado plurinacional. Los indianistas actuales también han cambiado.

A manera de conclusión, se puede destacar el apoyo, interesado o no, que determinados círculos clasemedieros blancoides y opositores han expresado a esta lucha impulsada por Felipe Quispe, no porque signifiquen un apoyo real, porque no lo son en lo absoluto, sino al contrario porque reconocen implícitamente que el país ha cambiado en estos 11 años apoyando a alguien que antes que solo era considerado como un indio bloqueador intransigente. Es un breve síntoma de que la descolonización ha rendido algunos frutos.

José Llorenti

 

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