La rebelión de las mascotas

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Es un hecho, con el asentamiento sedentario de poblaciones humanas allá por el neolítico hace unos diez mil años, la invención de herramientas rudimentarias que posibilitó la agricultura el paso lógico fue la domesticación de animales. A través de la producción y reproducción de la Vida el hombre comenzó a hacer cultura, y los amigos peludos hacen parte de esta Historia. Según datación del ADN mitocondrial, el perro fue el primer animal domesticado. Después caballos, vacas e incluso abejas hasta la proliferación de la domesticación en granjas de todo tipo de aves.

Pasa que el perro y el gato ganan el status de “compañeros” del ser humano, el perro incluso considerado como el mejor amigo del hombre, y no desde hoy, ya que se encontró una mandíbula de perro en Irak con más de 14.000 años (aunque hay vestigios arqueológicos en Asia Proximoriental que datan de 31.000 años atrás!!!). Como los lobos se convirtieron en perros (canis lupus) es elemento para una tesina y este es un artículo de opinión.
El hecho es que tener una mascota es una práctica dominante que responde al paradigma societal capitalista, independiente de la clase social y eso vale para el buen cuidado o maltrato de las mismas. Tener una mascota es algo muy sano, el intercambio de cariño y afecto es algo que debe ser cultivado. Pero hay algo particular y que solo es un patrón psicológico de la clase media: tratar mascotas como humanos. La Universidad de Notthingham en Inglaterra, en su área de etología (comportamiento animal) ha demostrado que tratar mascotas como humanos les trae ansiedad. El cerebro de los perros y gatos funciona diferente, no procesa conceptos, no produce abstracción y ciertos tratos tiende a confundirlos. El famoso etólogo Richard Dawkins afirma que 80% del comportamiento animal está determinado por factores ambientales y solo 20% por factores genéticos. Tratarlos como humanos solo les causa stress. Pero dejemos este debate para los biólogos.

¿Qué lleva un individuo de la clase media (pequeña burguesía o perteneciente a capas medias para ser más riguroso) tener ese tipo de conductas? La pequeñaburguesia es una clase sándwich, son trabajadores asalariados en su mayoría que están aplastados entre el proletariado y la burguesía. Se proletarizan mientras acumula todos los perjuicios clasistas burgueses. Si bien el amor como constructo social (o competo) que fluctúa con los cambios históricos, hay algo singular ahí. La industria cultural posicionó la idea que el amor romántico ha fracasado, y el neoliberalismo remató eso con el amor propio hacia el individuo. La idea del amor romántico (que es burguesa) ha muerto. Entrando al siglo XXI la familia nuclear que los conservadores llaman de “familia tradicional” se ha transformado y evolucionado. Familias con padres divorciados, padres adoptivos, adopción lgbt, intercambio con muchas parejas afectivas en un corto lapsus de tiempo. Lo eterno que muchas veces dura semanas. Es el eterno cambio, el movimiento constante y abrupto. La falta de un ancla emocional lleva que muchos transfieran todo el afecto y cariño que podría tener por un ser humano (independiente de su sexo) a la mascota. Es ahí que la mascota termina siendo el sustitutivo perfecto de la carencia afectiva. Y muchos individuos de la clase media llevan esto a extremos estratosféricos: cumpleaños del perro, desfile de moda “fashion dog”, llamarlos de “hijitos” o “hermanitos”. Compensación afectiva del mundo moderno (posmoderno, transmoderno dirían muchos). Y los movimientos animalistas (que en verdad son mascotistas, porque no engloban la defensa del conjunto de animales) llevan a extremos aún más patológicos: Se ven interpelados porque tanta defensa inquebrantable a una mascota y no a un niño en situación de calle, la respuesta casi automática es: “pero el niño puede defenderse solo”. Hay una negación de las problemáticas sociales y de la resolución de las mismas, simplemente se abanderan de la defensa de nuestros amigos peludines. El caso del perro del perro pantuque y de la niña que tuvo la cara desfigurada por un perro en Cochabamba. 18 abogados dispuestos a defender a un perro y ni uno dispuesto a defender a la familia de la niña.

Tener una mascota, intercambiar afecto y cariño con ellas, es lo más sano que puede existir y lo más bello que no dio la evolución desde el neolítico, pero humanizar un animal mientras se deshumanizan ante los problemas sociales es la demostración que ya fallamos como humanidad y debemos extinguirnos muy pronto, para que las mascotas, en muchos sentidos, seres más sensibles que nosotros dominen la Tierra. La rebelión de las mascotas.

 

 

Eduardo Lohnhoff Bruno, militante de la Juventud Comunista de Bolivia.

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