La realidad sobre las elecciones primarias

Por Alberto Echazú *

El escenario político de campaña electoral para las elecciones presidenciales de octubre de este año trae la importante novedad de las elecciones primarias a realizarse el 27 de enero para la elección de los binomios que representen a los partidos habilitados. Este evento sin precedentes en la historia boliviana ha provocado que desde las filas opositoras al gobierno de Evo Morales y opinadores de diversa laya se pretenda implantar la idea de que dichas elecciones primarias son innecesarias y solamente un despilfarro de recursos. El “argumento” tras este criterio es que la inexistencia de más de un binomio en los distintos partidos hace innecesaria dicha elección. Sin embargo, aquella idea significa una muy pobre y superficial comprensión de aquel evento democrático, o, más probablemente, el ocultamiento de ideas y prácticas políticas de un pasado en el que los partidos eran nada más una fachada para que ciertos grupos de poder se repartan la torta tras el cuoteo de los cargos y espacios de poder.

El objetivo de las elecciones primarias es que sean las bases militantes de las organizaciones y partidos políticos quienes elijan a sus representantes, generando democratización al interior de las tiendas políticas. Este principio no es invalidado en el caso de que sólo exista un binomio, ya que justamente los principios democráticos indican que los candidatos deben gozar de la legitimidad otorgada por sus propias bases, es decir, los candidatos deben ser elegidos por las bases, siendo de esta manera sus representantes legítimos.

Si un binomio, por más que sea el único, no cuenta con el apoyo de sus bases, no cumple con un criterio democrático básico para ser su representante. Una elección presidencial debe expresar la voluntad popular sobre quienes dirigirán los destinos del país, y no ser una carrera personal o grupal por alcanzar el poder. Son esas ultimas practicas justamente las que campearon en el pasado y que se buscan romper.

El padrinazgo, donde poderes económicos y políticos imponían a candidatos que ni siquiera pertenecían a los partidos, el alquiler de siglas, el transfugio político, son algunas de las nefastas prácticas de la época neoliberal y la democracia pactada, donde los verdaderos militantes de las organizaciones no tenían voz ni voto, y eventualmente observaban como su voto terminaba llevando a candidatos distintos al suyo al poder, esto mediante obscuras alianzas determinadas por intereses privados  grupales.

Es para romper con estas formas que se ha aprobado la Ley de Organizaciones Políticas, de la cual las elecciones primarias son resultado. La democracia también debe ser practicada al interior de las organizaciones políticas, es por este motivo que dicha ley otorga la potestad de elegir a los candidatos a los militantes de los partidos.

Otro objetivo de esta ley es la institucionalización de la política. Es señalado en esta ley que los partidos y organizaciones deben establecer y declarar sus principios y bases ideológicas y filosóficas, además de sus respectivos programas. De esta manera los partidos realmente representan la concepción y visión de país de los distintos sectores de la población, y dejan de ser pasanakus donde los tránsfugas transitan buscando la mejor opción ignorando por completo la ideología y orientación de los partidos.

Dada la debilidad en los campos (y en la mayoría de los casos ausencia total de contenido) ideológico, político, orgánico y programático de la oposición derechista boliviana es que se pretende imponer desde esas esferas el criterio de que las primarias son innecesarias y solamente una jugarreta del gobierno. Pero lo que en el fondo oculta aquel pseudo-argumento es que estos sectores son reacios al ejercicio de la democracia participativa y su único proyecto político es el retorno al pasado.

*Es militante del Partido Comunista de Bolivia – Marxista Leninista Maoísta