La generación secesionista

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Por: Nicolas Melendres

Especial para Prensa Rural

El otro día, me ponía a conversar con un amigo, de esos que haces en los trajines de la política. Él de derechas yo más de izquierdas, al final nos reíamos porque a veces la política es como la guitarra, la agarras con la izquierda y la tocas con la derecha. Sin embargo, a pesar de nuestras diferencias ideológicas había un factor que nos convergía: la nación. Él la veía desde la cuestión meramente nacionalista, y yo desde lo nacional popular. Él planteaba como algo central los recursos naturales, yo la cuestión de la clase. De repente me increpó y me dijo: “Nico, ¿Tú sabías que nosotros somos una generación que ha sobrevivido un proceso secesionista?” Claro, ambos reflexionábamos esto en un contexto en el cual Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín son juzgados en Estados Unidos. Su pregunta me dejó frío. Un proceso secesionista es un proceso de desmembración de un Estado-nación, es decir su disolución histórica como tal. Bolivia entro en un proceso secesionista el año 2008 cuando los movimientos separatistas, so pretexto de autonomías y descentralización, camuflaron sus verdaderos intereses políticos de dividir a Bolivia.

En verdad ya han pasado más de 15 años de las revueltas de octubre, la crisis del neoliberalismo y el sistema de partidos en Bolivia. Cayetano Llobet acusaba a Carlos Mesa, -en su libro sugestivamente llamado “Sobremesa”- de haber “abierto el grifo del populismo en Bolivia”.

Apreciaciones sobre Goni, Octubre 2003, Mesa o Evo Morales pueden haber muchas. Pero algo que no debemos olvidar nunca, es que Bolivia ha sobrevivido un interregno sangriento, que costó la vida de muchos bolivianos, que sufrieron hambre, racismo y el terrorismo de Estado.

Bolivia desde el año 2003 al año 2008, ha sobrevivido un proceso secesionista, que amenazaba con descuartizar la Nación. Un proceso separatista que no expresaba otra cosa más que los intereses de una oligarquía de una república de casta; una república oligárquica, que se resistía a democratizar su riqueza y su poder regalado a las transnacionales y el imperialismo norteamericano. Eso fue octubre de 2003 y esto es lo que deben conocer las nuevas generaciones que viven en tiempos de postverdad y redes sociales atiborradas de falsa información.

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