Iván Nogales, el guerrillero de las tablas

El teatro boliviano está de luto. Ha fallecido Iván Nogales, director, mentor y constructor de uno de los más importantes proyectos del teatro social boliviano, el Teatro Trono.

Su padre, Indalecio Nogales, fue uno de los guerrilleros muertos en Teoponte en 1970, cuando Iván tenía apenas 7 años. Su papá, ex trotskista y dirigente fabril de SAID, se embanderó en la lucha armada por la construcción socialista.

Mi novia me hizo conocer la sede del Teatro Trono (también de la fundación Compa) en El Alto el 2017 en la presentación de una de sus comprometidas obras, siete pisos de una estructura única construida con material reciclado, recolectado por el propio Iván. Un monumento al arte popular. Ubicado en la primera calle peatonal de la cultura de Bolivia, siempre con eventos, exposiciones, sobre todo para los escolares. Iván era un formador de público.

Mucho se puede teorizar sobre el teatro del oprimido de Augusto Boal, pero Iván Nogales hizo praxológico la premisa del teatro social, la ruptura de la cuarta pared, transformando el espectador en un participe directo del acto teatral y la puesta en escena en un hecho comunitario. Su elenco era conformado por los hijos del proletariado y también chicos en situación de calle. Como buen internacionalista, era parte del movimiento latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, Iván también tejía redes continentales, porque el teatro que más viajó al exterior, movimiento que conoció a través de una amiga de Perú, y que tenía la fundación compa como ejemplo para todo el continente. El vínculo del teatro con la comunidad, con escuelas y centros de rehabilitación. La sensibilidad estética sumado a una profunda conciencia social, pues a nosotros que también tenemos formación teatral, sabemos que el teatro también es un arma política. Las artes escénicas también son militantes y es esto que demostró Iván Nogales con su activismo en el teatro Trono.

Iván Nogales hizo algo inédito, organizó una caravana de artistas desde Copacabana (en el lago Titicaca) hasta Copacabana en el atlántico de Brasil, en el 2012.

Iván tenía conciencia de clase, de cierta forma, cada puesta en escena del teatro trono era un disparo contra el sistema capitalista, contra la cultura mercantil dominante, y tenía bien claro esto. Vivió 50 años en ciudad satélite de El Alto, con 30 años dedicados a enseñar, guiar y hacer gestión cultural. Iván era un verdadero guerrillero de las tablas, creía en la integración comunitaria de los pueblos, en la patria Grande. Como dijo el gestor cultural brasileño Celio Turino, deseaba crear un pasaporte comunitario, libre, sin fronteras, en el que el sello sería el abrazo entre los pueblos.


*Eduardo Lohnhoff Bruno, nació en San Ignacio de Velasco,  Santa Cruz en 1984, es militante de la Juventud Comunista de Bolivia y de la plataforma La Resistencia.