“Este es un gobierno de mierda, pero es mi gobierno”

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En medio de debacle de la Unidad Popular, un humilde trabajador alzo un lienzo con el slogan “Este es un gobierno de mierda, pero lo defiendo, porque es mi gobierno…” y que el propio Salvador Allende, destacaba con buen humor. Despierto una cada vez, cada cien años, cuando despierta el pueblo dice Simón Bolívar en un poema de Pablo Neruda, no es una cita excesiva y si una pregunta para el drama y despertar Latinoamericano en estos días…

El proceso de construcción de América Latina, en general tuvo un carácter elitista y una intencionalidad liberal con claros visos eurocéntricos, propugnada desde el Estado que niega la diversidad. Sera esta Narrativa Colonial de los prejuicios raciales, obsesionado por la búsqueda de la identidad nacional, para “Exterminar al “indio”, resistidas en momentos de rebelión con una fuerza revolucionaria de donde surge el “miedo ante el peligro indio” resulta imposible postular el mestizaje como elemento cohesionador de la nacionalidad. Simón Bolívar expreso en una oportunidad; “no somos indios, ni europeos sino una especie media entre legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles”. En síntesis, en lo cultural lo latinoamericano era ese bastardo de la modernidad que niega parte sustancial de sus raíces y donde pagan culpas ajenas los indígenas y negros al sufrir el racismo de sus clases dominantes.

Aquella lapidaria sentencia de Rene Zavaleta Mercado lanzara sobre las clases medias bolivianas: “son las más ignorantes, racistas y antinacionales del continente” sigue vigente por el accionar de la oposición sobre el caso de los nueve bolivianos detenidos, acusados por los delitos de robo con intimidación, contrabando y porte legal de armas, dentro un proceso legal aunque no legítimo, Siendo críticos los nueve bolivianos no eran héroes, ni mártires, ni inocentes como sostenía el gobierno boliviano ni tampoco eran delincuentes, el Estado Chileno les aplicó la ley antiterrorista vigente en la Constitución Pinochetista, siendo que al aceptar el juicio abreviado, se inculparon de las delitos imputados y al pagar el Estado Boliviano las costas del proceso para finalmente deportarlos.

Las imágenes de los nueve detenidos fueron impresionantes en Bolivia, pero quizás en Chile son comunes en la violencia estatal de represión violenta en contra de las comunidades indígenas mapuches como la comunidad Coñonil Epuleo donde 3 menores – uno de los niños tenía un ojo en tinta producto de un balín de goma de carabineros cuando había sido reducido – fueron llevados a tribunales custodiados esposados de pies y manos por el solo delito de reivindicar su territorio ancestral.

El caso de Lorenza Cayuhan mapuche detenida por acusaciones de delitos de robo con intimidación y atentado – en realidad defendía su territorio ancestral y extraño que sean las mismas acusaciones que a los bolivianos – quien estando embarazada fue trasladada al hospital de Concepción dio a luz esposada junto a 3 carabineros, una criminalización común que hace el Estado Chileno pese a que se interpuso  recursos legales, se niega, viola, la dignidad de poder tener un bebe en libertad ya que al estar anestesiada era imposible que ella pudiera salir escapando.

Una semana después dos carabineros chilenos fueron detenidos en Bolivia preservando su seguridad e integridad, en Chile a pocas horas de conocerse la noticia surgieron voces de guerra como José Antonio Kast quien a lo Rambo decía “respecto al arresto de los carabineros en Bolivia habría ordenado un rescate, Chile no puede permitir que el Gobierno de Evo Morales pretenda tomar represalias con Carabineros y que la situación no era comparable con la de los bolivianos arrestados por que ellos fueron detenidos en territorio chileno cometiendo delitos de contrabando y carabineros fueron detenidos persiguiendo un vehículo robado”. A los dos días el Presidente Evo Morales ordeno restituir a los carabineros “para mostrar al mundo lo que si se debe hacer ante los problemas fronterizos”.

En el arbitrario conflicto de la barbarie y la civilización, la cultura y la incultura, en un Chile de la intención portaliana de convertirla en la Inglaterra del Pacifico y los ingleses de aquella idolatrada Inglaterra eran los chilenos negando múltiples identidades. Un silencio sepulcral se dio en el gobierno de Chile, ante un acto de magnanidad y generosidad política, quizás porque un indio no podía enseñarles lecciones de diplomacia desde y para los pueblos, producto de una Constitución nacida en una Asamblea Constituyente que privilegia el valor de la vida, en las redes sociales se veía al pueblo chileno valorar esta acción ante el asombro de vivir en el Estado más policial de América Latina.

La actual actitud de Chile viene desde la misma conformación social en la afirmación del Presidente José Joaquín Prieto quien en su mensaje a la Nación reconoce de manera explícita: “Me resta hablaros de nuestras relaciones con las potencias estranjeras y tengo satisfacción de deciros que los combates con las tribus bárbaras del Sur en la primera etapa de mi administración y la Guerra contra la Confederación Perú – Boliviana, han sido las únicas interrupciones de la paz exterior en el espacio de diez años”.

El discurso habla de tres poderes foráneos, tres potencias extranjeras distintas y enemigas a la nación y al Estado Chileno: Bolivia, Perú y el Wallmapu esa gran confederación de naciones y pueblos mapuches. Siempre el enemigo interno y externo eran las naciones indígenas que la rodean los quechuas del Perú, los aymaras de Bolivia y los mapuches del sur que no podían ser chilenizados.

La colonización mental de las elites, analizada desde “aquellos lugares antropológicos” llenos de identidad y de historia; en supermodernidad, marcada por las exigencias mercantilistas, donde se enfrentan los valores histórico-culturales, que llamaremos los no lugares como un proceso que conlleva un aspecto de asimetría y hegemonía, tanto en lo físico económico, cultural y civilizatorio. Espacios agresivos en los cuales -en palabras de Marx- “la desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización de las cosas”, espacios imponentes que forman parte de un gran mecanismo hegemónico llamado superculturalidad, como parte de la sociedad moderna mercantil cuya expresión discursiva consiste básicamente en el dominio de cosas sobre personas.

Si bien una sociedad con estructura colonial tiene una jerarquía pigmentocrática, no impide que personas con “características indigenas”, que “ascendieron” socialmente fruto de sus relaciones monetarias, exploten y reproduzcan relaciones de dominación sobre individuos que se encuentran en el mismo nivel en la estructura colonial, pero el ilusorio “ascenso” social nunca lograra penetrar una estratificación de casta. Es frente a estas relaciones coloniales entre grupos sociales (consideradas “normales”) que surgen discursos de resistencia a un “cambio” de las bases estructurantes; que un “indio” ocupe la Presidencia puede ser aceptable, pero que un “indio” sea jefe, “mi jefe”, eso no puede ser aceptable, por eso algunos consideran que “se le da mucho poder a los indios” o “indígenas”, siendo que el lugar de enunciación no proviene de un terrateniente de ascendencia europea, viene del trabajador, que toma como su base identitaria el ser mestizo.

La estratificación colonial, la opresión étnica y el espacio donde se mueve la racionalidad de las masas urbanas en los discursos sobre una aparente interculturalidad, el mestizaje su ilusión identitaria, configura el entramado de la racionalidad colonial dentro del sistema – mundo – moderno. Las identidades configuradas en la colonia (en tanto época histórica y relación política) son reproducidas y potenciadas en una situación de colonialidad (en tanto relación social). Las identidades no se mueven en la lógica occidental europea.

La contradicción de ser y no ser, de tener una identidad que es fruto de la negación, de perder u ocultar un origen indio para llegar a ser el modelo de ciudadano occidental son vistas en las ciudades, donde el concepto de “dar mucho poder a los indígenas” posee sentido; lo indio, sus prácticas, sus visiones del mundo, sus formas de vivir no pueden penetrar la identidad del mestizo (máxima expresión de la sociedad mestiza latinoamericana); pero cuando esas identidades nativas (cuando lo indio) sale a relucir, la identidad hegemónica (producto del modelo occidental) se desmorona, y cuando empieza a buscar sus valores fundamentales no encuentra más que la negación de sí mismo.

En Chile la confrontación entre indigenas, que comparten un mismo origen, una crisis de identidad cultural. Según M. Mora “Aquellos descendientes de mapuche que estaban en contra de lo mapuche deseaban con todo su ser eliminar el componente indígena de su historia, ser chileno era la meta, occidental a costa de lo que fuere: vestimenta acorde a la moda, teñidos de cabello, cambios de apellido, eran algunas de las estrategias de quienes no deseaban que se les identificara con un grupo humano derrotado, discriminado y económicamente disminuido”. Esos elementos externos, para negar su origen indígena por no identificarse con otro grupo que se mantiene en su identidad originaria, nos lleva a estudiar sus efectos de aculturación. En ese marco, existen algunos sujetos que niegan su procedencia étnica, aduciendo que su apellido era de origen extranjero. Pero dependiendo del proceso de descolonización, el reconocimiento de ambos puede generar un movimiento reivindicativo de una lucha de mayor alcance político.

Jaime Guzmán el ideólogo de la Constitución de Pinochet y que siguen a pie de letra la derecha un listado en el que se aconseja: cargar sobre el adversario los propios errores o defectos respondiendo al ataque con el ataque y el de la exageración y desfiguración que consiste en convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea en una amenaza grave.

A Rene Zavaleta Mercado le toco vivir el proceso de la Vía Chilena al Socialismo de Salvador Allende y en su libro El Poder Dual nos dice “Lo de Chile se presenta en principio como el más terminante y notable fracaso del método de transición pacífica del capitalismo al socialismo y no faltarán los que exploten a redoble este golpe de vista inevitable que ofrecen dichos sucesos. No obstante, la cuestión del fracaso-éxito del sistema político de Allende se continúa, a nuestro entender, en otra de magnitud más ancha y compleja. A saber, la de si el proyecto socialista de desarrollarse de un modo completamente externo a la democracia burguesa, es decir, a la sociedad burguesa desarrollada en su forma moderna”.

“No juró Allende el sacrifico que lo asumió de inmediato cuando, quizás sólo en los instantes finales, lo vio como una consecuencia necesaria, mientras alumbraban sus ojos para ver tal cosa los fuegos de la destrucción de aquel palacio. Sacaron su cadáver envuelto en un poncho boliviano. Perseguidos también nosotros, como una raza maldecida, por el Chile de Pinochet, quisimos ver en ello un símbolo intacto de la fraternidad de los revolucionarios de Bolivia y Chile. Allá está el cadáver de Allende, en medio del incendio de La Moneda, cuando se incendiaba a la vez el propio estatuto democrático de la historia de Chile. Asesinado junto a su pueblo, mientras Neruda, que fue el canto de Chile, resolvía morir en una suerte de acto mayor de padecimiento por los suyos, ahora sí convertido en una metáfora de Chile entero”.

Me he preguntado si en este Chile gris, frio y nevado, donde nadie confía en nadie, donde la educación es la más cara del mundo, donde el mar pertenece a siete familias, donde hay socios intereses y cálculos conveniencias en el juego de la democracia pactada, quizás seguimos perseguidos en este Chile que pervive en la Constitución y la Orden Institucional de la Dictadura pero este Chile tiene esperanza hay  compañeros con una mirada de justicia, que No ve a la Bolivia de postal, de la llamita con el indiecito con su poncho.

Hace algún tiempo cuando la Universidad ARCIS le otorgo el título de Honoris Causa y presentábamos la Antología de sus textos antropológicos Hacia el Gran Ayllu Universal, compartíamos con mi maestro Álvaro García Linera la percepción de este Chile que no puede seguir imaginando su desarrollo de espaldas al continente mirando a Europa o Asia una generación que imagina un reencuentro con el propio Chile con lo que es. Con sus rostros cobrizos, que pero no se los ve en la tele, ese es el Chile real, mayoritario que va a despertar. Ese Chile cobrizo, silencioso, esforzado, sencillo y humilde, está empezando a hablar.

… Pero quizás muy pocos harían lo mismo que el obrero de los tiempos de Allende que decía este es un gobierno de mierda pero lo defiendo porque es mi gobierno… indudablemente yo lo haría por mi Bolivia… la de Evo, por la Venezuela… la de Chávez, por la Cuba de Fidel o la Argentina la del Che…

 

Álvaro Zarate “Willka” es antropólogo arqueólogo, aymara – catalán – ciudadano del mundo y exiliado voluntario en Santiago de Chile, en esencia capitán de un velero que no tiene mar

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