Ese Frankenstein llamado oposición

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Así como Fukuyama lanzó el epíteto del “fin de la Historia” con la caída del Muro de Berlín en 1989, René Antonio Mayorga declaró la crisis y el fin del sistema de partidos en Bolivia con el tenebroso Octubre Negro de 2003. Hablaba de un múltipartidísmo polarizado con la erosión del Estado neoliberal, un gobierno sin partidos a la cabeza de Carlos Mesa, que al mismo tiempo es el sepulturero de la representación partidaria en Bolivia.

De 2003 a 2005 son las organizaciones sociales (generando movimientos sociales), sobre todo campesinos e indígenas, que tomaran la batuta de las luchas sociales en Bolivia, desplazando por completo los partidos políticos que se volvieron un significante vacío con la deslegitimación cruenta de la representación democrática partidaria reflejada en la pólvora de los soldados y la sangre derramada del pueblo en Octubre de 2003.

Con la llegada de Evo Morales al poder en 2005, y su estructura política, el Movimiento Al Socialismo (MAS), que no es un partido sino un movimiento de movimiento sociales con cuya personería jurídica solo es un formalismo para la disputa electoral, todos los partidos dejaron de existir.

Habían brechas, los partidos tradicionales perdieron su personería jurídica nacional, pero en muchas lugares aún tenían presencia práctica, por ejemplo el MNR en provincias del Beni y Santa Cruz. Los cuadros de los partidos neoliberales se reciclaron en las famosas “Agrupaciones Ciudadanas”, la lucha política se atomiza y se traslada a las regiones, para mantener privilegios de las oligarquías locales y no para ampliar su base electoral.

La nueva ley de organizaciones políticas obliga que los partidos vuelvan a re articularse. Es así que Carlos Mesa alquila una sigla, el FRI (Frente de Izquierda Revolucionario), hace una alianza con Sol.bo para fortalecer la base de la clase media paceña, no para ampliar su base electoral, y llama para que sea vice de su plancha a Gustavo Pedraza, que fue ministro de Goni, su viceministro en su gabinete crítico, para disputar votos con “Demócratas” de Rubén Costas en provincias descontentas con la Gobernación Cruceña, sobre todo con el reparto de regalías del IDH que consideran injusta. Claramente Mesa no va por la presidencia, sino, para tener una bancada fuerte en la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Víctor Hugo  Cárdenas escoge como su vicepresidente a Humberto Peinado, pastor evangélico de la Iglesia Cristo Viene, en una estrategia a lo Bolsonaro, quiere captar los 20% de feligreses de la iglesia protestante en Bolivia. El MNR lanza al empresario tarijeño Virginio Lema con un vice indígena, Fernando Untoja Choque. Una especie de simulacro de lo que fue Goni-Cardenas de 1993. Jaime Paz, con el Partido demócrata Cristiano, tiene de vice a la abogada Paola Barriga.

Como anécdota, hay que recalcar que muchos de los candidatos que conforman binomios vienen del Katarismo: Fernando Untoja Choque, que va por la vicepresidencia del MNR era del partido Katarismo Nacional Democrático (KND). Felix Patzi (del Movimiento Tercer Sistema) también viene del Katarismo.Víctor Hugo Cárdenas, que era del Movimiento Revolucionario Túpac Katari de Liberación (MRTKL) fue vicepresidente con el MNR y Alvaro Garcia Linera del Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), katarista radical, con el MAS.

Parece que la estrategia de la derecha, es lanzar a candidatos perfilados a segmentos de la población, por separado, para que en su conjunto tengan mayoría en la asamblea legislativa plurinacional e intenten dar un golpe parlamentario como se dio con Zelaya en Honduras, Lugo en Paraguay y Dilma Rousseff en Brasil. Van por separados, mutilados, pero conforman los miembros de un solo monstruo, son un verdadero Frankenstein.

*Eduardo Lohnhoff Bruno, nació en San Ignacio de Velasco, Santa Cruz, es miembros de la Juventud Comunista de Bolivia y de la plataforma La Resistencia.

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