El voto nulo es la nada

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Por: V. Hugo Colque

Al momento de escribir este artículo observamos en los medios de comunicación entrevistas a voceros y líderes de la oposición política referirse a la coyuntura política. Entre estos se escucha “que se está matando la democracia”, “estamos en dictadura”, “es un golpe de estado”, el núcleo articulador es la desesperación y el sobredimensionamiento de los mismos sobre la sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional que habilita al presidente Evo Morales para la elección de autoridades nacionales el 2019.

Sobre este escenario es que entre los personajes opositores se escucha que este domingo hay que “votar nulo” porque eso refrendaría lo decidido el pasado 21 de febrero del 2016. Las plataformas ciudadanas, que no son otra cosa que la mudanza de ropaje político de un partido a esta nueva forma de articulación ciudadana desde las redes sociales, han venido impulsando el voto nulo a la elección de autoridades judiciales. Los argumentos que se utilizan es el viejo discurso armado del servilismo del poder judicial al poder ejecutivo y la vilipendiada idea de que no existe independencia de poderes.

Este escenario que genera un encierro de las ideas en torno a este 3 de diciembre exige plantear miradas – no maximalistas – de que todos los candidatos son malos o que todo ya está arreglado y que por inercia automáticamente votando nulo se solucionarán las cosas. En el peor de los casos no hay una propuesta de mejorar el sistema de justicia sino simplemente se sugiere votar nulo.

Frente a ello hay que aclarar que este 3 de diciembre no se está votando por el Presidente, Vicepresidente, diputados o senadores, se vota para elegir autoridades judiciales, bajo esta situación ¿no sería mejor informarse y ver que candidatos tienen cosas interesantes que proponer y no solo dejarse seducir por el discurso atolondrado de los pseudo demócratas? La verdad no se puede encontrar un argumento sólido más que la triquiñuela del voto nulo que en última instancia aunque sea superior en términos cuantitativos no sirve más que para la estadística o la anécdota como sucedió en la primera experiencia de elección de autoridades judiciales. El interés de fondo es la deslegitimación del proceso en sí mismo creyendo que es la deslegitimación del proceso, por tanto es una posición política de políticos que creen que si el voto nulo se impone es un voto pro-opositor.

Segundo, el voto nulo solo es simbólico, ya lo dijeron sus impulsores, por más que se imponga cuantitativamente un candidato será elegido por simple mayoría. El resultado de imponerse el nulo será utilizado como un artefacto conceptual por los Doria Medina, D Mesa, Revilla, Costas, Leyes, Quiroga entre otros tantos para sus posibles candidaturas. El problema interno entre estos personajes de la oposición será ¿quién se adjudicará  el porcentaje del voto nulo? ¿Quién lo llevara a su terreno político?

Tercero, el problema del sistema de justicia en Bolivia es un problema histórico y colonial de una forma yugulesca de construcción del Estado aparente y no solo es coyuntural de este momento como se quiere internalizar en el sentimiento colectivo por parte del discurso de los proponentes del voto nulo.

Por último, los argumentos y el debate son lo que constituye lo democrático, y el voto nulo más allá de los significados y simbolismos que se le quiere dar desde lo político no es trascendental en el sentido de que no se está votando por un proyecto político de país, sino por un intento de cambio al sistema de justicia, que si bien las formas de selección y elección no son las más idóneas por toda la complejidad que representa conocer a todas y todos los candidatos y sus propuestas, es lo más cercano a una apertura de querer dar algunas líneas de intento de mejorar el sistema y no solo así el voto nulo que sería la nada.

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