EL TRIUNFO DE AMLO Y LA CAÍDA DEL MUNDO JURASICO EN MEXICO

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(Contiene Spoilers)

La trilogía de Jurasic Park marcó a toda una generación, permitiendo ver la interacción humana con las bestias extintas dentro de una indómita y peligrosa isla. La nueva saga de esta década, llamada Jurasic World, ilustra de manera más cruda y violenta la realidad de la relación humanos-dinosaurios. Ante la inminente caída del Reino Jurásico, la sociedad se preguntó qué acciones tomar, misma pregunta que tuvieron que enfrentar los ciudadanos mexicanos el pasado 01 de julio en las elecciones presidenciales, en la cual, la respuesta de la población ante el caos sistémico fue contundente: Andrés Manuel López Obrador Presidente.

La clara victoria de López Obrador, más conocido por la abreviatura “AMLO”, sorprendió a propios y extraños al recibir un apoyo mayor de lo esperado, obteniendo un respaldo histórico del 53%, cifra que hace muchas décadas no consigue ningún candidato. La elección contó con una alta participación y un elevado nivel de fiscalización ciudadana y popular, eliminando así cualquier duda sobre la legitimidad del nuevo gobernante. Este nuevo escenario nos refleja algunos factores, lecciones y consideraciones para analizar:

La Isla al borde de la destrucción

La última película, Jurasic World “El Reino Caído” (2018), nos muestra la isla donde viven los dinosaurios a punto de estallar, a razón de las erupciones del volcán central. Este hecho se asume automáticamente como la segunda extinción de las criaturas prehistóricas, abriendo el debate mundial sobre sí es deber de los países intervenir o permitir que la naturaleza siga su rumbo.

Lo inevitable sucede, comienzan a producirse las explosiones volcánicas, muchos dinosaurios mueren aplastados por rocas, consumidos por la lava, ahogados en el desfiladero; el caos se ha apoderado de la isla. En los últimos sexenios el Estado mexicano se encontrado en una situación descontrolada; el crimen organizado, la violencia, la corrupción institucionalizada y la desigualdad han ido triturando la paz social.

Las cifras son desalentadoras, según datos oficiales, sólo en el mes de mayo de 2018 se registraron más de 2890 homicidios, siendo 7 de cada 10 producidos con arma de fuego, teniendo un promedio de 93 homicidios por día, una víctima cada 25 minutos. En los primeros cinco meses del 2018 ya van 13298 homicidios.

En los últimos 12 años se han producido 28 mil desaparecidos y 220 mil muertes por causas relacionadas a la violencia y al crimen organizado. En esta pasada campaña electoral han sido asesinados más de 133 candidatos, quedando municipios en los cuales nadie quería postular por el riesgo vital que conlleva. Estas cifras se aumentan aun más si se agrega la violencia ejercida a líderes sociales y los asesinatos a periodistas.

La corrupción se encuentra muy arraigada en todos los niveles del Estado, desde las altas cúpulas con casos como La Casa Blanca, los gobernadores “Duarte”, La Estafa Maestra, etc. Hasta los funcionarios menores y dirigencias locales con la utilización prebendal para la compra de votos, obtención de espacios laborales y candidaturas, plazas y programas sociales, etc.

Así también la vinculación directa del crimen organizado y la influencia del narcotráfico con altos cargos gubernamentales, y ni que decir de la existencia de puertas giratorias, poderes de concentración económica y financiera, holdings mediáticos, feudos familiares en las burocracias regionales e intromisiones externas directa en la toma de decisiones nacionales.

Los Rescatistas Traidores

Los grupos activistas pro-dinosaurios se ven desalentados ante la negativa del gobierno para realizar un rescate; afortunadamente aparece una operación de rescatistas para salvar la mayor cantidad de las bestias prehistóricas posible. Una vez en la isla, se dan cuenta que aquellos rescatistas sólo les interesaba atrapar las distintas especies y lucrar con ellas para venderlas como mercancía al mejor postor.

En los últimos años en México, se estuvo padeciendo una situación similar, donde los llamados a salvar el país, terminaron ampliando la grieta social. El sexenio (gobierno de seis años) de Carlos Salinas de Gortari, perteneciente al histórico PRI (Partido Revolucionario Institucional), nació acompañado de una amplia desconfianza hacia las instituciones, fruto de las movilizaciones y protestas por el fraude de 1988; y aprovechó hábilmente la crisis institucional para introducir reformas neoliberales que privatizaron sectores estratégicos y redujeron la capacidad de maniobra del Estado, dejándolo en relativa dependencia a las decisiones de los grupos financieros externos.

A Salinas le sucedió Zedillo, también del PRI, partido que iba gobernando casi 70 años, su gobierno heredó el denominado “Efecto Tequila” que fue una fuerte crisis económicas por las medidas neoliberales impulsadas; la respuesta de Zedillo fue combatir las consecuencias negativas del liberalismo con más liberalismo, endeudó al país con Estados Unidos y aplicó con mayor rigurosidad las recomendaciones del Consenso de Washington. También en este periodo se dan reacciones gubernamentales contra los levantamientos populares, como queda claro con la matanza de Acteal, donde grupos paramilitares asesinan a 45 indígenas dentro de una iglesia en procura de intimidar al Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Para el año 2000 la pobreza, violencia y desigualdad en México iban en aumento; la sociedad demandaba un cambio real, por ello, la figura de Vicente Fox irrumpe cambiando el tablero político; su partido “PAN” (Partido de Acción Nacional), de corte conservador social y liberal económico derrota al PRI, ocurriendo la alternancia de partidos nunca antes producida en México. Este cambio fue simplemente superficial, a pesar de promover reformas contra el crimen organizado y fomentar medidas en pro de la libertad de prensa, Fox mantuvo y profundizó las medidas económicas de sus antecesores, ampliando la influencia en el gobierno de tecnócratas representantes del capital financiero internacional; sostuvo conflicto con sectores campesinos y sociales; y se convirtió en uno de los principales voceros del intervencionismo estadounidense en el hemisferio sur.

Para el año 2006, la decepción popular por el gobierno Fox era latente, pero no fue suficiente para que su ministro de Energía y compañero de partido, Felipe Calderón, no sea investido presidente, en medio de acusaciones de fraude electoral por parte de AMLO, Calderón inició su mandato, manteniendo las mismas relaciones con los grupos del poder fáctico (Organismo financieros, las gigantes televisoras, asociación empresarial, embajada de E.E.U.U., club de tecnócratas como intermediarios). Mantener el rumbo económico se materializó en el incremento de los índices de pobreza, duplicación de la deuda externa y reducción de la inversión pública. Pero, ante todo, el gobierno Calderón se enfrascó con lo que denominó la guerra directa al narcotráfico, militarizando muchas ciudades mexicanas y que tuvo como resultado el crecimiento desmedido de la violencia en todo el país.

Ante el fracaso del sexenio Calderón, el 2012 es el año del retorno del PRI, bajo el liderazgo de Enrique Peña Nieto, se procuró vender la imagen de un PRI regenerado y reformista. Comenzó promoviendo una serie de reformas en varias áreas: energética, telecomunicacional, educativa y financieras; reformas alentadas por las tradicionales estructuras de poder. La realidad golpeó con mucha dureza al gobierno, los escándalos de corrupción vinculados a colaboradores directos del poder, la violencia ascendente y el abandono a los sectores vulnerables se expresaron en un hartazgo social sin precedente, convirtiendo a Peña Nieto en uno de los presidentes más impopulares de la historia. El caso simbólico son los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, mostrando una incapacidad del Estado y el poder político para proteger a la ciudadanía y una complicidad por parte de administradores públicos con el crimen organizado.

La película nos deja una escena muy conmovedora: ante la destrucción de la isla, los cazadores de dinosaurios y los protagonistas consiguen evacuar al último segundo, pero al puerto llega un brontosaurio (el dinosaurio pacífico de cuello largo), creyendo que puede ser también rescatado, su imagen, llantos y agonías se van disipando con la polvareda levantada por la destrucción de la isla. El Mundo jurásico ha desaparecido, pero con su eliminación se lleva muchos inocentes. Estos jóvenes normalistas de Ayotzinapa, los cientos de miles afectados por la violencia, los asesinados, los líderes sociales perseguidos, campesinos e indígenas desterrados, candidatos ajusticiados, los periodistas eliminados y muchísimos casos más son el llanto desesperado que se cobró el sistema que se derrumba y busca arrasar todo a su paso.

La batalla por los dinosaurios

Las especies que pudieron ser rescatadas de la isla llegan encerradas a la propiedad del profesor Lockwood y son exhibidas para su venta como armas de guerra a millonarios y traficantes de armas. Los protagonistas de la película, Owen y Claire interrumpen la exhibición y se desencadena el caos. La batalla y persecución es muy violenta, mercenarios versus dinosaurios y los héroes.

La campaña electoral fue considerada la más violenta de la historia, con toda la cifra ya citada de las ejecuciones a candidatos, pero también por el grado de bajeza argumentativa y ofensiva a la que incurrieron sobre todo los postulantes derrotados. Lanzando primeramente acusaciones de hechos de corrupción contra AMLO, y ante la imposibilidad de poder vincularlo, se recurrió a esbozar argumentos como la cercanía de López Obrador con el gobierno venezolano, su aparente odio a la clase empresarial, su apego a los jefes de los cárteles del narcotráfico, el estado de salud del candidato o incluso la edad avanzada (AMLO tiene 64, Trump 72).

Se presentaron a estas elecciones Andrés Manuel López Obrador, con el partido de izquierda MORENA y en alianza con el Partido del Trabajo (marxista) y Encuentro Social (Evangélico); llevando como plataforma de campaña la necesidad de combatir de manera directa las causas estructurales de la pobreza e inseguridad: concentración de riqueza, desigualdad, corrupción de actores públicos y privados y la inestabilidad por la violencia.

Al Peje, como también se conoce a AMLO, se lo acusa de manejar de manera autoritaria y verticalista el partido, no ser muy cercano al grupo empresarial, rodearse de algunas figuras cuestionadas de la política y no tener un vínculo muy cercano con los movimientos sociales.

A pesar de las dudas y temores que causó en un principio su posible victoria, el respaldo fue mayoritario, el hartazgo social y las ansias de cambio político fueron más fuertes, consiguiendo así traspasar el techo electoral que le auguraban los expertos del status quo mexicano, y permitió consolidar un triunfo claro.

En la otra vereda encontramos las candidaturas del stablishment tradicional, el candidato del gobierno, el “independiente” José Antonio Meade, impuesto por Peña Nieto al PRI, demostrando que el sector tecnócrata seguiría liderando el partido, pues Meade había sido 6 veces ministro y servido en diferentes sexenios tanto del PAN como del PRI.

Con un discurso de libre mercado y políticas liberales sin complejo. El PRI confiaba en sus votantes tradicionales y el empuje que podría dar el poseer espacios institucionales en el Estado: presidencia, gobernaciones, ayuntamientos; junto a la combinación de los grandes sindicatos tradicionales y los grupos empresariales.

Si bien las encuestas dieron en todo momento un lejano tercer lugar, no imaginaron que serían los principales afectados de toda la crisis del sistema, obteniendo sus peores resultados a nivel de voto presidencial, gobernaciones, alcaldías y parlamentarios. Generando ya crisis reflejada no sólo en el ámbito de los espacios de poder, sino hasta identitaria.

El PAN, de derechas, entró en una crisis de unidad por las disputas electorales, terminando finalmente en la promoción de la coalición con el PRD, el “Partido de la Revolución Democrática”, partido nacido en las movilizaciones anti-Salinas de 1988 y que fuera el partido de AMLO y símbolo de la izquierda mexicana.

Así como en la película, los experimentos genéticos pueden desencadenar monstruos como el terrible “Indoraptor”, el experimento genético-político produjo la candidatura de Ricardo Anaya, quien hábil y egoístamente aprovechó su posición de presidente del PAN e impuso su candidatura y cerró el trato con el PRD.

Cualquiera podría pensar que esta alianza es incoherente, ya se habían realizado situaciones similares en algunos Estados mexicanos, y lo cierto que ambos partidos hacía mucho tiempo que no tomaban sus decisiones desde sus posturas ideológicas, sino desde las directrices del mercado y en merced de beneficios económicos y políticos.

El discurso de Anaya, además de tener una permanente crítica y búsqueda de implantar el miedo hacia una presidencia de AMLO, se centró en criticar de manera permanente al gobierno del PRI, colocándose como alternativa ante el sistema político, pero proponiendo medidas y reformas que no hablaban sobre los problemas estructurales, matizando su discurso de acuerdo al público con el que se encontraba.

Utilizando el discurso de polarización y del voto útil para detener a AMLO, se enfrascó en una lucha intestina con el PRI, acusándose mutuamente de profundos hechos de corrupción, dinamitando así la esperanza de los grupos empresariales (muy activos en campaña) que las candidaturas del PRI, PAN y PRD se unan para detener a López Obrador.

El resultado cosechado por Anaya fue menor de lo esperado, no llegando al 25%, pero sí obteniendo algunas gobernaciones y alcaldías; sin embargo, el partido PAN quedó desangrado por la división suscitada y ya se habla de sectores, liderados por Calderón para crear un nuevo partido político.

La ambición económica de los antagonistas los llevará a saltarse todos los principios legales, éticos, biológicos y afectivos para convertir a los dinosaurios en armas de guerra y ganar millones en la acción, sin embargo, se encuentran con la muerte física como obstáculo final. Los partidos denominados progresistas en México: PRD, Movimiento Ciudadano, Partido Verde que recibieron la confianza electoral en el pasado para promover cambios, terminaron por vender sus principios, quedando en esta última elección en un estado casi marginal en capacidad de influencia.

El dilema de soltar a los Dinosaurios.

Habiendo derrotado a los perversos de la historia, los héroes vencedores se encuentran ante un dilema: deben liberar a los dinosaurios encerrados, aunque esto signifique que vagarían libres por el mundo, convirtiéndose en peligro de todo el orden establecido o deben permitir que mueran por el gas tóxico, convirtiendo toda la lucha en nula.

No es un dilema menor, ayudar a los desposeídos y vulnerables, es decir, hacer lo correcto, siempre traerá como consecuencia ganarse de enemigos a los que hacen lo contrario, lo incorrecto. López Obrador está decidido, al menos así lo afirma, que utilizará todas sus herramientas posibles para cambiar México.

AMLO recibió una cifra histórica de votos, al final el voto útil y los indecisos fueron para MORENA y no sólo en la boleta presidencial, también a nivel de alcaldías, gobernaciones, 31 de los 32 Estados, mayorías o representación importante en parlamentos regionales, mayoría en el Senado y mayoría en la Cámara de diputados. La mayor oportunidad histórica de cambiar las cosas de manera profunda.

En su discurso de victoria en el zócalo capitalino, el líder de MORENA expresó sus agradecimientos, voluntad de trabajar por lo cambios y de no realizar acciones bruscas que vayan a provocar inestabilidad económica en el país; esto fue interpretado por los sectores nacionales e internacionales como algo positivo, teniendo como consecuencia el fortalecimiento del peso mexicano.

Un factor que puede alterar la agenda es la sobrerrepresentación de los aliados de MORENA en el parlamento, pues al tener resultados simbólicos, consiguieron colgarse de la inmensa votación y obtener mayor número de representantes con menos votos. Pese a esto, se abre la posibilidad de recibir apoyo de parlamentarios perteneciente a los partidos derrotados que hayan comprendido la demanda de cambio que el pueblo mexicano expresó, y así llegar a los 2/3 necesarios para introducir reformas y nombramientos más trascendentales.

Sería ingenuo creer que con la mayoría parlamentaria y la legitimidad de las urnas su camino está expedito para realizar las reformas que prometió. Ante la ausencia y legitimidad de partidos políticos formales, aparecen de manera directa y sin complejos los grupos pertenecientes a los poderes fácticos, como la federación de empresarios que afirmaron serán vigilantes del nuevo presidente y que trabajarán codo a codo con la nueva administración.

Del mismo modo, medios de comunicación y periodistas críticos han declarado su intención de atribuirse directamente el papel de fiscalizadores ciudadanos y como elemento de “contrapesos de poder”, utilizando el clásico discurso liberal de la división de los poderes. Así mismo, la Casa Blanca ha expresado sus intenciones de coordinar con el nuevo gobierno mexicano, no sin antes lamentar de puertas adentro que habrían preferido el triunfo de un candidato más funcional y servil que de AMLO que se apoya en el soberanismo nacional.

La estrategia seguida por la estructura de poder tradicional interna tanto como externa es condicionar al nuevo presidente para que no tome medidas que pongan en peligro los privilegios de clase adquirido por estos sectores, como los negocios con el Estado, la inexistencia de regulaciones o la reducida presencia del Estado en áreas estratégica; es por eso que las tácticas empleadas son tentar a la nueva administración de enfocarse en asuntos que le otorguen prestigio a nivel mundial sin afectar las condiciones estructurales.

Ante estas situaciones las primeras acciones de AMLO son cautelosas pero simbólicas, transmitiendo mensajes importantes; el incluir en su gabinete figuras prominentes de los sectores intelectuales de la UNAM, es un guiño a los sectores que quieren ver disminuida en el Estado la presencia de tecnócratas liberales provenientes de entidades académicas afines a las medidas del libre Mercado a ultranza, de las cuales se habían nutrido los anteriores sexenios.

También la visita de López Obrador a Cuauhtémoc Cárdenas, líder histórico de la izquierda e impulsor de las protestas de 1988, antes que visitar a Peña Nieto, significa una demostración el orden de prioridades y consejos que planea seguir.

Andrés Manuel López Obrador consiguió construir un relato que inspiró a la mayoría de los mexicanos, denominó todos los males del país con el término “Mafia del Poder” y propone liderar la Cuarta Transformación mexicana. Un ambicioso esfuerzo por cambiar la historia solo es posible si se realizan las transformaciones prometidas y se lucha de manera firme y sin complejos con los sectores que han sustentado aquella mafia del poder.

Los retos de AMLO son muchos y nada sencillos: reducir la pobreza, la desigualdad, ampliar el mercado y producción interna, avanzar en la soberanía e industrialización nacional, lucha frontal contra la delincuencia y el crimen organizado, disminuir la violencia y empoderar los movimientos sociales, civiles y populares que están expectantes por el triunfo del partido de izquierda.

La victoria de López Obrador abre una nueva oportunidad no solo para México, sino también para Latinoamérica, demostrando que una postura contra la desigualdad puede llegar a la consciencia colectiva, y también que el fin de ciclo de gobiernos progresistas tan repetido por ciertos sectores está lejos de producirse.

Ante la sorpresa de Claire, quien no se animó a liberar a los bestias prehistóricas, es la pequeña Maisie quien al final libera a los dinosaurios, y estos corren y se dispersan por el mundo. Un nuevo tiempo comienza para la humanidad, deben convivir y adaptarse con las peligrosas bestias. En el caso de México los monstruos siempre estuvieron sueltos, la desigualdad, pobreza y violencia desatada por grupos de poder, carcome a la población día a día, esta mafia del poder, es el verdadero problema, y es allí donde AMLO sabe que debe enfocar sus esfuerzos.

Dejar la Prehistoria y los monstruos atrás dependerá mucho del nuevo gobierno y presidente, su voluntad de transformar y su capacidad de enfrentar las seguras y tenaces resistencias que un cambio real puede encontrar en el camino, pero también pesará mucho la vigilancia, acompañamiento y respaldo popular que una sociedad civil cansada, pero a la vez inspirada pueda transmitir y realizar. México puede dejar caer el Mundo Jurásico de una vez por todas.

 

Esaú Franco Valle

Politólogo

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