Dos enemigos de la democracia y un brevísimo vistazo de las últimas encuestas realizadas por IPSOS

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Hablar de democracia siempre es complicado, para algunos es solamente la presencia en las urnas cada 4 o 5 años, para otros es la otra cara de una dictadura, la democracia sería siempre un adjetivo para calificar la democracia “para quién”,  para otros, sin embargo, es la capacidad de tener instituciones ajenas a apetitos e intereses de clase o de casta, y para otros, los más osados, la democracia sería solamente un momento de manifestación plebeya en contra de una institucionalidad cualquiera, llegando a extremos donde antepondrían la política al poder.

El objetivo de este pequeño escrito no es escarbar en el origen de estos conceptos o en realizar una precisión genealógica del porvenir y provenir de estas definiciones, sino algo más módico, el encontrar determinadas características de lo que se puede considerar cómo democracia en este momento, y refractarlas a partir del contexto en el que Bolivia se desarrolla actualmente.

La democracia sería votación, pero también interpelación al poder mediante participación y manifestación, así también, sería la constitución de determinadas instituciones que gestionen ciertos imaginarios sociales y políticos, y finalmente la democracia sería también redistribución del excedente económico y la satisfacción de las necesidades de un pueblo cualquiera. En este contexto, en Bolivia se presentan dos facetas opuestas de una misma moneda pero que ambas atentan contra la democracia en este país, la primera proveniente del lado oficial de la política, del masismo y la otra de la oposición neoliberal y restauradora.

El recurso abstracto de inconstitucionalidad presentado hace semanas por el Movimiento Al Socialismo para habilitar al presidente Evo Morales por un mandato más so pretexto de que se estaría violando el derecho de participar en política es sencillamente un atropello a la democracia, esto por dos razones, la primera es el hecho de que este manejo maniqueo de las leyes y normas tendría por objetivo hacer a un lado el resultado del pasado 21 de febrero del 2016 donde el 51% de la población boliviana expresó su rechazo a que el presidente pueda postular una vez más el año 2019 por un mandato más, en otras palabras, es querer ganar en mesa lo que se perdió en cancha. La segunda razón por la cual este recurso abstracto de inconstitucionalidad  es un atropello a la democracia es la traición a la larga historia democrática del MAS, tanto interna como externa. Desde su fundación el Movimiento Al Socialismo se ha caracterizado por ser un movimiento de movimientos donde convergen diversos sectores sociales con sus propios intereses pero con un horizonte amplio y general, campesinos, cocaleros, mineros, juntas vecinales, etc., cada organización con su propia democracia interna y orgánica y con sus propias características, asimismo, el MAS, también se ha caracterizado por ser el movimiento político más grande de la historia de Bolivia, tanto en términos reales y porcentuales de votación como en la cantidad de elecciones ganadas en menos tiempo, además con resultados siempre superiores al 50%, es decir, que este recurso abstracto no solo atentaría contra la democracia en el país, sino que también rompería con la tradición democrática en el interior del MAS.

El segundo enemigo de la democracia, aún más peligroso que el primero, es la oposición política restauradora y neoliberal en este país. El fanático afán de estos sectores pro-oligárquicos y neoliberales con la rotación democrática y con la supuesta defensa de la institucionalidad en este país les arroja a tomar posiciones radicales que en determinados momentos rozan con manifestaciones facistoides. La idea de la democracia en un pueblo acarrea también otra idea, la de la responsabilidad para con ella, es decir, el respeto por la decisión del otro y también por la opinión que uno vierte sobre determinado tema, un claro abuso de lo que significa el maniqueo uso de la democracia es lo ocurrido en Brasil en el golpe de Estado a la ex presidenta Dilma Rousseff, donde bajo la muletilla de supuestos actos de corrupción se desplazó a una presidenta electa democráticamente; y también se tiene a las reformas económicas y políticas que el gobierno de Mauricio Macri está llevando a cabo en Argentina donde cubierto sobre un supuesto espectro de legitimidad y de manipulación mediática, está atentando contra las necesidades primarias de la población. La economía no puede estar ajena a la política como dos realidades externas… ¿Qué sentido tiene rotar democráticamente por el poder si la pobreza en ese país aumenta paulatinamente? ¿Qué sentido tiene hablar de una institucionalidad fuerte y sólida cuando desapareces y asesinas personas?

En este sentido, la oposición neoliberal en Bolivia pregona la idea de que rotación sería sinónimo de democracia, reduciendo la democracia a rotar personas como rotan mercancías, sin un proyecto político, cayendo en la irracionalidad de que no importa quién venga solo importa que venga otro que no sea Evo Morales y no importa quién gobierne si igual todos harían lo mismo, por lógica no tendría sentido rotar si siempre estarías en el mismo lugar. Esa es la democracia que la oposición política en este país dice defender.

Así como por un lado se tiene al oficialismo que trata de desconocer los resultados del pasado 21 de febrero donde ganó el NO (aunque haya sido con mentiras o medias verdades), por el otro lado la oposición neoliberal irresponsablemente desea arrojar al país a un idílico mundo democrático donde la rotación sería lo fundamental y las reformas económicas serían solamente algo tangencial y/o poco relevante, como sucede en Argentina.

Dos enemigos de la democracia.

Vistazo de las encuestas de IPSOS sobre la repostulación del presidente Evo Morales

La empresa IPSOS realizó una encuesta para el medio de información RTP, en la cual, entre muchos otros datos, arrojó algunas realidades importantes y destacables.

En el primer caso se habló de que el presidente Evo Morales tendría una aprobación de la población del 57%, superior al 49% de aprobación que tenía en el mes de abril, pero inferior al 58% que tenía el pasado mes de octubre del pasado año, así también el presidente tendría un aprobación del 45% en ciudades capitales y un 51% de desaprobación, dato contrario al expuesto en el área rural donde el 71% respaldaría su gestión y solo el 25% lo reprobaría, haciendo un total de reprobación de un 39% en toda Bolivia.

Los datos de aprobación continúan siendo altos a pesar de 11 años en el gobierno, y aunque no alcanzan sus puntos más altos, se ve una mejora desde lo manifestado el mes de abril, empero, también se debe destacar un incremento de su desaprobación lo que permite entrever la idea de una mayor polarización en el país entre quiénes apoyarían la gestión de Evo Morales y quiénes la reprobarían, esta hipótesis se corrobora con el hecho que las personas que se adscribieron a la opción del “No sabe, no responde” se redujo en el país del 8% al 4%.

Sin embargo, esta percepción cambia cuando se pregunta a las personas si estarían de acuerdo con que Evo Morales postule una vez más, a lo que el 68% en las ciudades capitales y El Alto respondería negativamente y solamente el 30% respondería positivamente. La aprobación del presidente Evo Morales en las capitales de cada ciudad es del 45%, sin embargo, solamente el 30% respaldan la idea de que postule una vez más a la presidencia, la desaprobación es del 51% como se aseveró en párrafos anteriores, porcentaje que se incrementaría al 68% cuando se les pregunta por una posible repostulación de Morales. Esto nos arroja un 15% volátil, que a pesar de respaldar la gestión del presidente y de aprobarla, no estaría a favor de que se postule una vez más.

Considerando la idea de que el voto rural incrementa el voto total del MAS en un 8% o 10%, como demuestra la misma encuesta, el apoyo a la repostulación de Evo Morales, llegaría al 40%, justo al porcentaje de voto duro característico del Movimiento Al Socialismo desde su llegada al poder el año 2006. Este 40% bastaría para que Evo Morales sea presidente una vez más si pudiera postular, pero con la idea de que la oposición iría separada (recordemos que el punto más alto de su principal oponente Carlos Mesa es del 20%), en caso de que iría junta tampoco se  podría hacer aritmética simple pensando que todos sumarían su propio apoyo, por más minúsculo que sea, porque valga la idea de que seguidores de Jorge Quiroga no votarían abiertamente por Costas y viceversa, por lo cual el MAS sigue teniendo todas las posibilidades de ganar, aunque muy lejos de sus históricos 2/3 de pasadas gestiones.

Así también, pensar la idea de que Evo Morales no postularía trae problemas tanto a la oposición como al oficialismo, a los primeros porque sin lugar a dudas irían separados a una contienda electoral (solamente el repudio a Evo Morales los une), y al MAS porque no tiene un candidato con la capacidad de congeniar todos los diversos y variopintos intereses que conflagran en el interior de su movimiento político por lo menos por el momento.

Como se mencionó al comenzar el artículo los dos riesgos para la democracia en el país es que el MAS opte por el autoritarismo dejando de lado los resultados del pasado 21 de febrero del 2016, y la otra amenaza sería que la oposición tome las riendas del país solamente bajo la bandera de que rotar por rotar sin un claro proyecto político, ni siquiera en sus más remotos elementos. Entonces ¿Cuál sería la salida a este complejo escenario donde la gente mayoritariamente sigue respaldando al presidente Evo Morales en desmedro de otros candidatos pero que sin embargo, un aproximado del 60% (contando el voto rural no estipulado en la segunda parte de la encuesta) no quiere que Evo Morales repostule una vez más  a pesar de aprobar con un 57% su gestión?

La respuesta queda abierta a las interpretaciones.

 

Jose Llorenti

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