Derecha vegetariana y derecha carnívora

Square

Hace años el literato y escritor, Mario Vargas Llosa, expresaba su sentir sobre las izquierdas en el continente americano con una disociación bastante simpática. Este renombrado señor aseveraba la existencia de dos izquierdas, una carnívora que sería totalitaria, caudillista y además que ponía en peligro la propiedad privada y la institucionalidad democrática, y otra vegetariana que se adecuaba al sistema y al supuesto juego democrático en él, así también que respetaba la propiedad privada y que estaba a favor de las rotaciones democráticas.

La división era ya de por sí abusiva y esencialista, en el grupo de la izquierda carnívora ingresarían Evo Morales, Rafael Correa y también el fallecido Hugo Chávez, en la otra Lula, Mujica e incluso Bachelet, o por lo menos así lo expresaba el escritor de “La ciudad y los perros”. Años después, esta disociación no tuvo mayor trascendencia, no solo porque las intromisiones extranjeras y los golpes de estado se suscitaron sin diferenciar si la izquierda era carnívora o vegetariana (el caso de Dilma en Brasil es ejemplar), sino porque las supuestas características de cada una de estas izquierdas no eran tales, comparar el Chile de Bachelet con la Uruguay de Mujica no era políticamente lo más acertado, ni siquiera analítica ni teóricamente aceptable. Sin embargo, esta disociación nos dejó un interesante marco de análisis para ulteriores situaciones, y en particular una situación como la que vive actualmente Latinoamérica con una mayoría de gobiernos restauradores y neoliberales.

¿Podríamos hablar actualmente de dos derechas en el continente? ¿Una carnívora y otra vegetariana? ¿Cuáles serían las derechas vegetarianas y cuáles las carnívoras?

Si tomamos algunas características y las englobamos en la construcción de un concepto, algo así como tomar las particularidades de una singularidad para construir una generalidad podríamos establecer algunas similitudes entre el variopinto espectro político en el continente y de esta manera encontrar las diferencias y similitudes entre los gobiernos de derecha en la región, sin embargo, para introducirnos en esa tarea primero tenemos que explicar qué entendemos cómo derecha y por consecuencia lógica también qué entendemos como izquierda.

Sin apelar a recursos históricos, es decir, sin explicar lo que significó la izquierda en una época y la derecha en otra,  esto por una cuestión metodológica debido a que actualmente es difícil ingresar a un campo de diferenciación taxativo, o sea, existen múltiples demandas sociales que inmiscuyen tanto a colectivos y partidos de izquierda como a otros de derecha, ejemplo la despenalización del consumo de marihuana o la legalización de las uniones libres (matrimonios homosexuales), en este sentido podríamos definir a la izquierda como proclive y cercana a lo que conocemos como  valor de uso y a la derecha cercana al valor de cambio.

Esta definición es muy parcial y arbitraria, sin embargo, para el objetivo de este artículo es suficiente. En el caso de la izquierda podríamos decir que tiende a anteponer los intereses de las personas mediante la redistribución del excedente en  oposición a los intereses del capital transnacional, la derecha al contrario antepondría los intereses de las empresas y de las transnacionales a los intereses de las personas.

Ahora, ¿cuál sería la diferencia entre una derecha carnívora y una derecha vegetariana? La diferencia radicaría en la cercanía que tendría con los intereses del capital transnacional, por ejemplo, tenemos a la Argentina de Macri donde la mayoría de sus dirigentes son dueños de grandes empresas y donde pregonan la idea de la “flexibilización laboral” que no es otra cosa que la paulatina eliminación de los derechos laborales y sociales de las clases trabajadoras, entre otras medidas neoliberales como aumentar la edad de jubilación en las personas e incrementar la influencia del capital transnacional en la economía, además de disminuir el rol del Estado como ente regulador por considerarlo como una medida proteccionista. En esta taxonomía podríamos hablar de las derechas de Brasil, Colombia, Argentina, Perú, Chile, Paraguay, entre otras como parte de la derecha carnívora.

Otra característica de este tipo de derecha es su negativa a entablar diálogos con la historia y de defender implícitamente y en algunos casos hasta explícitamente a los gobiernos militares de la década de los 70, como es el caso de la Brasil de Temer  o de la futura Chile de Piñera (al parecer será el ganador de la siguiente elección presidencial). Esta derecha no es solo gobierno, es también oposición, tenemos a la derecha reaccionaria de Venezuela de la mano de Leopoldo López o de Henrique Capriles opuesta al gobierno de Nicolás Maduro, o la derecha boliviana de la mano de Samuel Doria Medina, Sánchez Berzain y Jorge Quiroga opuesta al gobierno de Evo Morales.

Entonces… ¿dónde encontramos a una derecha vegetariana? En un contexto tan polarizado es difícil encontrar alguna derecha que tenga actitudes más democráticas y dialógicas sin inclinarse a la izquierda, sin embargo, es posible mencionar como parte de una derecha vegetariana al gobierno de Lenin Moreno en Ecuador o al gobierno de Luis Guillermo Solís en Costa Rica, gobiernos más propensos al diálogo democrático pero que sin embargo, siguen anteponiendo los intereses del capital transnacional, en este sentido es menester resaltar el papel del señor Lenin Moreno, candidato favorecido por la popularidad de su antecesor Rafael Correa, que ingresó al gobierno respaldado por ciertos elementos de izquierda e incluso con el ribete de socialista del siglo XXI, sin embargo, tan pronto como asumió su cargo, empezó a alejarse de las políticas económicas propuestas por Correa y también a ser muy crítico con los gobiernos de izquierda en el continente como Venezuela o Bolivia, aunque no al nivel de los gobiernos abiertamente reaccionarios como el argentino o el brasilero.

Ahora viene la cuestionante fundamental. ¿Es posible la existencia de una derecha vegetariana en Bolivia o en Venezuela? La pregunta caería momentáneamente en un inevitable NO, y esto por dos razones fundamentalmente, por la cercanía de los líderes opositores a gobiernos como el de Macri, y también el interés que las grandes empresas transnacionales tienen en estos países, Bolivia con el litio o su gran potencial energético en la región y Venezuela con el petróleo. Aunque por supuesto, una derecha más democrática y “vegetariana” sería una buena salida tanto para la oposición en estos países, como para refrescar la disputa de los gobiernos progresistas con sus contrincantes.

José Llorenti

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *