Bolivia: la última esperanza de Latinoamérica

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Por: Juliana Cingolani

 

“…en países como los nuestros el patriotismo es una cuestión de clase, y solo puede asumirlo quien se ha despojado de sus anteojos coloniales”

José Carlos Mariátegui 

 

Con este artículo trataré de contextualizar y aclarar brevemente, -con hechos puntuales desde los años 80  hasta la actualidad- el escenario político, social y cultural que estamos atravesando como región; corriendonos  de la inmediatez y sobreinformación que predomina en el campo de la comunicación, que tiende a convertirnos en sujetos sociales sin memoria y eternamente oprimidos. De lo que trata es de invertir esta relación: recuperar la memoria para liberarnos.

Durante los años 80 y 90 se desarrollaron en América Latina procesos democráticos de corte neoliberal que continuaron las políticas de las dictaduras, pero con medidas tendientes a la naturalización de las desigualdades. La profundización de las políticas neoliberales de dichos gobiernos generarían un proceso de crisis que, entre 1985/2009, llevaría a 19 presidentes de nuestra región a abandonar sus mandatos por la presión social. Marcada como una década de expresión neoliberal principalmente en el plano económico, social y cultural donde, según Rafael Correa “se proponían las cosas más lindas, llegabas y hacías lo mismo de siempre por que el banco central autónomo te ponía una política monetaria ortodoxa por las reformas del consenso de Washington”.

 

De izquierda a derecha, Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chavez

 

Recordemos que el Consenso de Washington son medidas pensadas por el economista John Williamson, en el año 1989 con el objetivo de realizar “paquetes de reformas estándar” para los países en desarrollo azotados por la crisis que estaban bajo la lupa del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el departamento del Tesoro de los Estados Unidos, con el fin de injerir desde políticas que propugnaban la estabilización macroeconómica, la liberación económica con respecto al comercio como la inversión, la reducción del Estado y la expansión de las fuerzas del mercado dentro de la economía interna.

 

Esto nos hace dar cuenta que en dicha década se encontraban gobernado presidentes que no tenían ningún interés de que seamos países soberanos; con Menem en la Argentina, Guillermo Endara en Panamá, Fujimori en Perú, Collor de Mello en Brasil donde fue fácil de alguna manera para los Organismos Internacionales injerir en las “propuestas políticas”, logrando la expansión de la globalización neoliberal en nuestra región. Desde allí es que estás fórmulas de alguna u otra manera delimitaron el avance de cualquier otra política que no sea “achicar el aparato estatal (vía privatizaciones y desregulaciones) y ampliar correlativamente la esfera de la “sociedad”, en su versión de economía abierta e integrada plenamente al mercado mundial” (Mabel Thwaites Rey, 2010), claramente el escenario culminó con un inestabilidad discursiva, política y social, con una ciudadanía subordinada a las exigencias de la economía mundial y un vacío ideológico que no permitía tener lectura crítica sobre esto. Una de las nuevas formas de intervención durante esos años fue la firma de tratados como el TIAR (Tratado de Interamericano de Asistencia Recíproca) por el que se establece que ante cualquier ataque de una potencia extranjera a un país de América ésta sería respondida en forma solidaria por el resto. Este tratado no se cumplió frente al conflicto de 1982 por la Islas Malvinas en el que EEUU priorizó su relación con Gran Bretaña.

 

Por otro lado el ALCA propuesto en 1994, en la Primera Cumbre de las Américas realizada en Miami,  fue cuando el presidente de EEUU crea una agenda en común entre todos los gobiernos del continente, menos Cuba; donde se proponía establecer una agenda comercial en común anexada al NAFTA (Tratado de Libre Comercio para América del Norte), que buscaba la negociación de una iniciativa continental impulsada por el gobierno de los Estados Unidos: el Área de Libre Comercio de las Américas. . El  5 de noviembre del 2005 se puso fin a este tratado, gracias los entonces presidentes de Argentina (Néstor Kirchner), Brasil (Luiz Inácio Lula da Silva), Venezuela (Hugo Chávez), Paraguay (Nicanor Duarte Frutos) y Uruguay (Tabaré Vázquez).

 

 

Es importante destacar que el proceso de negociación del ALCA fue acompañado por un gran movimiento opositor que contó con organizaciones sindicales, sociales, entre otras, que comenzaron a definir estrategias y propuestas alternativas de integración, por lo cual desde 1998 se han generado Cumbres de los Pueblos, organizadas en grupos de trabajo temáticos: sindical, campesino, indígena, ambiental, derechos humanos, ético, alternativas de desarrollo, mujeres, educación y parlamentario.

Estos surgimientos de gobiernos progresistas, -de izquierda principalmente- vinieron a cambiar el balance geopolítico; se había vuelto a hablar de dignidad, soberanía e independencia. Los proyectos políticos que se empezaron a gestar no eran de agrado para los Estados Unidos, estaba claro que, como señala Correa, iban “a utilizar los mismos mecanismos en articulación con las elites nacionales que están ligadas a las elites y al capital internacional” para no permitirles el avance.

Ejemplo de la existencia de una articulación entre los países progresistas fue la conformación de la Unión de la Naciones Suramericanas (UNASUR), integrada por doce países independientes de América del Sur: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana ,Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. Propuesto en diciembre de 2004 en Cusco y oficializado en mayo de 2008.

Nestor Kirchner, Evo Morales, Lula Da Silva y Hugo Chavez

 ¿Una nueva estrategia?

Hacia principios del siglo XXI comenzaron nuevos procesos de orden mundial como los desencadenados por la globalización que  habían comenzado en los años 90 e irrumpen en el escenario con nuevos actores e intereses, como India, Pakistán y Brasil; se instala entonces más fuertemente la discursiva del impacto ambiental

La economía de EEUU comienza a sufrir un importante debilitamiento con un endeudamiento que llega a dos veces su Producto Bruto Interno (PBI);  crece su desigualdad llegando a equipararse con los países subdesarrollados; por otro lado, China comienza a presentarse como un importante competidor y el centro de poder comienza a desplazarse del Atlántico Norte hacia el Pacífico.

El atentado a las Torres Gemelas abre camino a un nuevo proceso de militarización y se incrementan las bases que instalan a lo largo y ancho del territorio latinoamericano. En Territorios Vigilados, Telma Luzzani expone:

Estados Unidos tiene cerca de 800 bases militares a lo largo del mundo, de ellas más de 76 en América Latina. Entre las más conocidas resaltan: 12 en Panamá, 12 en Puerto Rico, 9 en Colombia y 8 en Perú, concentrándose la mayor cantidad en Centroamérica y el Caribe(…) Estados Unidos divide al mundo en nueve comandos, para América Latina y el Caribe. El Comando sur, con su red de bases militares, incluida la IV Flota, que es en sí misma un conjunto de bases muy operativas y con gran capacidad de desplazamiento, constituye una seria amenaza

 

 

En su texto América Latina en la Geopolítica del Imperialismo, Atilio Boron hace referencia a diferentes documentos emitidos por la Casa Blanca y el Departamento de Defensa de los EE. UU en los que se insta a tomar medidas tendientes a enfrentar este avance de los gobiernos latinoamericanos.

Documento del Departamento de Defensa: “Los EEUU y nuestros aliados y socios enfrentan un amplio espectro de desafíos, entre los cuales se encuentran las redes trasnacionales de extremistas violentos, dotados de armas de destrucción masiva y crece la competencia para obtener los recursos naturales”.
Documento de la Casa Blanca: “…usar la fuerza militar donde sea efectiva , usar la diplomacia cuando lo anterior no sea posible, y el apoyo local y multilateral, cuando sea útil”

 

Un claro ejemplo es el año 2003 en Bolivia con la guerra del gas y la masacre del llamado “octubre negro”. Distintos sectores sociales y sindicatos se levantaron en contra del proyecto de venta del gas por Chile. Hubo decenas de muertos, la ciudad de La Paz estuvo militarizada, inclusive gente de civil que atentó contra sus mismos compatriotas. La manera de operar por parte de los EE.UU fue descabellada, por un lado con el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (Goni) que no podía hablar bien el español y  por otro lado una coalición (MNR, MIR, NFR) cómplice y funcional. Mientras los ciudadanos exigían que por favor renuncie Goni, él con doble moral proclama en uno de sus discursos: “Yo no voy a renunciar, acecha un gran proyecto subversivo organizado y financiado desde el exterior para destruir la democracia boliviana, no va a tener éxito”, al unísono los medios de comunicación titularon: EEUU, la OEA , 16 países y el MIR apoyan al presidente”. 

 

“EEUU, la OEA , 16 países y el MIR apoyan al presidente”

 

La formulación de una legislación antiterrorista tendiente a endurecer y ampliar el rango de lo que se caracteriza como “terrorista”, ha promovido por parte del Departamento de Defensa de la administración de George Bush en EEUU, su traslado a nuestro territorio. De acuerdo con lo expresado por Stella Calloni sobre la “Ley Patriótica” promovida por esa administración, se propone el control y vigilancia a toda la población de EEUU, permitiendo entre otras cosas la invasión de la vida privada, el encarcelamiento, el juzgamiento en condiciones extrajudiciales y llegar al secuestro de personas en cualquier lugar del mundo.

 

 

 ¿Plan Cóndor 2? 

En la actualidad la injerencia por parte de Estados Unidos toma nuevas formas debido a dos posibles cuestiones, una es que por experiencias pasadas somos conscientes de los objetivos que dicho imperialismo tiene en nuestras región y por otro lado la existencia de nuevas potencias como Rusia y China, que no permiten a Estados Unidos manejarse tan libremente como en el pasado.

Vladimir Putin y Xi Jinping

En los últimos años resurge un escalado avance de los grupos de derecha, pero esta vez mediante las vías democráticas. Es así como por ejemplo en Argentina, el Frente para la Victoria es derrotado en las presidenciales del 2015; el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es derrotado en las parlamentarias de diciembre de ese mismo año; el resultado adverso para la izquierda boliviana en la consulta popular de febrero de 2016 sobre la reelección presidencial que, posteriormente fue resuelto con el fallo del Tribunal Constitucional; y, finalmente, la destitución de Dilma Rousseff mediante un impeachment y la proscripción de Lula Da Silva.

Los problemas que estamos atravesando en general parecen ser la muestra de un  plan un poco más sutil y complejo dado por el uso indiscriminado de los medios masivos de comunicación, que son propiedad de los grandes grupos corporativos; realizando una manipulación de las noticias, generando odio hacia los gobiernos elegidos democráticamente que realizan políticas a favor del pueblo y protegen los recursos naturales. Pero esto no es de la noche a la mañana, dado que la derecha se fue consolidando mediante la articulación con los grupos de inteligencia y servicio norteamericano en coordinación con los locales.

Uno los primeros hechos es la destitución del presidente Fernando Lugo en Paraguay, el año 2012, de manera abrupta tras un polémico juicio político. Un escenario en donde el cerco mediático tomó fuerza y en donde golpes parlamentarios con apenas un grupo de senadores deciden que Lugo deje el poder. La muerte de Hugo Chávez en el año 2013 permitió volver a operar con las nuevas tácticas que ya en Paraguay habían resultado: acusaciones infundadas en los medios de comunicación, demonizar a los presidentes en cuestión, intentos de sanciones económicas. ¿A quién beneficia realmente la instalación de odios, grietas, y fracturas sociales?

El ejemplo más cercano que tenemos y que nos atraviesa, se podría decir que es la presidencia de Mauricio Macri en la Argentina. Llega a tomar el mando tras una campaña pensada y controlada por los poderes concentrados de los medios de comunicación y un escenario social bastante agotado de tanta manipulación informativa. Bajo el “discurso del miedo”, el pueblo que durante 12 años había dado batalla y se había empoderado, generaliza y legitima la corrupción como único pretexto en busca de un “cambio”.  Ahora nos encontramos atravesando un ajuste bajo la lupa del Fondo Monetario Internacional (FMI), con miedo a las políticas que llegue a proponer el gobierno de Cambiemos de cara a las elecciones del 2019.

Legisladora argentina lleva al Congreso imagen de Crhstine Lagarde para votar el presupuesto de 2019

 

Está claro que en estos últimos años este sistema de dominación se manejó tan impunemente que lo hemos naturalizado. La derecha se ha fortalecido. Es el caso de Brasil, que a pesar de ser uno de los países más estables económicamente, se ha ido instalando una crisis social y cultural bastante fuerte. En el año 2016 se ha demostrado tras el golpe parlamentario que ha sufrido Dilma Rousseff y la forma de instalarse del presidente de facto Michel Temer. A partir de ello se desató una persecución judicial contra el Partido de los Trabajadores (PT) y contra su referente el ex presidente Lula Da Silva. En un entramado entre la justicia brasileña, el Estado norteamericano, cadenas de multimedios y los poderes económicos y financieros, se condenó sin pruebas al ex mandatario. Todo esto, sumando el flujo constante de las “Fake News”, que desatan las campañas de los nuevos “cambios” en la región. Es así el caso de la elección de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil, quien asumirá el primero de enero y quien será su ministro de justicia es nada más ni nada menos el juez que condenó y género la proscripción de Lula.

 

Sergio Moro, juez que inició la persecución judicial y política contra Dilma Rouseff y la proscripción de Lula Da Silva

Estamos bajo la manta del fantasma del neoliberalismo, como venimos remarcando las estrategias son de diferentes formas e intensidades. En Bolivia de cara a las elecciones presidenciales del 2019, queda unificar los sectores populares. Tomar como ejemplo y modelo todo lo que está aconteciendo en nuestra región, pensar en esa línea más allá del presidente Evo Morales, conseguir garantías independientemente de quien esté trabajando en unos años más por la transformación del país. Siendo capaces de responder a los desafíos electorales que se nos presenten sin dejar de dar respuesta a los conflictos cotidianos.

Tener la capacidad de continuar el horizonte político, social y cultural que se viene gestando con el proceso de cambio, siendo una alternativa radical a todo el cerco mediático que no descansará hasta generar un sentido común homogéneo sin conciencia crítica y desestabilizador en la sociedad. Es por esto que es nuestra oportunidad de no resignarse frente a todas las derrotas que se han ido dando en este tiempo, comprendiendo que Bolivia, es la última esperanza para Latinoamérica como ya lo advertía Mariátegui: “en países como los nuestros el patriotismo es una cuestión de clase, y solo puede asumirlo quien se ha despojado de sus anteojos coloniales”.

 

Día de la revolución democrática cultural

No podemos hablar de certezas en este momento que está atravesando la región, ni tampoco sabemos si podemos llamarlo “Plan Cóndor 2” , sin embargo, todo lo que está sucediendo va más allá de solamente el accionar de la justicia, o de  los poderes económicos concentrados, el sentido común social está en una disputa de sentidos permanentes, y es por esto que predominan hoy en el campo de las ciencias sociales más preguntas que respuestas.