Bienvenidos a tiempos interesantes

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Por: Mauricio Bustamante Rivero*

 

“El comunismo será entre otras cosas,
una aspirina del tamaño del sol”

 

Roque Dalton – Taberna y otros lugares, 1969

 

“Al final, la lucha de clases, tan discutida en épocas relativamente

recientes y que parecía haber sido condenada al cubo

de la basura de la Historia, existe de verdad.”

José Saramago – El último cuaderno, 2009

 

 

¡EN DEFENSA DEL MARXISMO LENINISMO!

El filósofo Slavoj Zizek señala que en la China, si realmente odias a alguien, lo maldices diciendo: “¡Qué vivas tiempos interesantes!”. Asimismo, declara que en nuestra historia, estos “tiempos interesantes” son tiempos de inestabilidad, guerra y lucha por el poder, que dejan millones de víctimas inocentes sufriendo las consecuencias. Hace mucho que venimos viviendo estos tiempos a través de crisis financieras, catástrofes ecológicas, agresiones militares directas, violaciones de la soberanía de los Estados, etc. Estos hechos terribles no son inventos de una película de Hitchcock o ideas absurdas, son sucesos inevitables como el destino, porque ocurren como consecuencia lógica de la globalización del sistema capitalista.

En Latinoamérica y en Bolivia estos tiempos interesantes tienen su propia historia: las guerras limítrofes por recursos naturales, las dictaduras militares, las masacres a los sectores populares, las crisis económicas y estatales, el fracaso neoliberal, etc. Por eso los marxistas insistimos en conocer la historia, en aprender de ella para no repetirla como tragedia ni como farsa, para no traicionar la grandeza sublime de las vidas que se ofrendaron ahí: en la lucha. Estudiosos científicos como Agustín Cueva (sociólogo ecuatoriano) y Jorge Echazú Alvarado (cientista político boliviano), sustentan que el análisis histórico responde a una cuestión teórica – metodológica, pues sin la recuperación de dicha historicidad, el análisis marxista corre el riesgo de no poder cumplir con una de sus finalidades primordiales: la explicación cabal de los procesos históricos concretos, mediante la ciencia del materialismo histórico y dialéctico, que no solamente proporciona los instrumentos teóricos de conocimiento de la realidad, sino que se dirige a posibilitar la transformación de la sociedad en su conjunto.

Sospechamos que algunos lectores comienzan a inquietarse, piensan que el marxismo es una teoría del pasado, una teoría foránea, se preguntarán para qué hablar de ella en una era supuestamente post política y post ideológica, donde no prevalece la ideología sino que son los memes los canales de comunicación política. Por lo tanto, lo menos que podemos hacer, es defender el planteamiento inicial. Veamos. No es un hallazgo reciente que en las ciencias sociales, la construcción teórica tiene que dar cuenta de estructuras y procesos sociales y no de estructuras y procesos naturales. En las ciencias naturales las teorías no tienen un contrapunto como en el caso de las ciencias sociales, que se vinculan de manera directa con la esfera de las relaciones sociales de producción, a cuyo mantenimiento o transformación contribuyen por el solo hecho de elaborar tal o cual representación teórica de base. El positivismo, el marxismo, el interaccionismo simbólico, el funcionalismo, el neokantismo entre otras, son teorías de base que abordan las relaciones sociales desde distintos enfoques y planteamientos, arribando a hipótesis diferentes y contrapuestas. No es una sorpresa entonces, como segunda premisa básica, definir que las relaciones sociales son intrínsecamente políticas y no pueden dejar de expresarse como tales, incluso en el terreno científico.

Ahora bien, las teorías sociales que se oponen a las leyes generales establecidas por el marxismo, sostienen que el conocimiento de lo general no tiene valor por sí mismo, de lo que se trata es de estudiar las acciones de los individuos que interactúan entre sí en una situación que tiene, al menos, un aspecto físico o de medio ambiente en común. En respuesta, la teoría materialista sostiene una perspectiva antípoda, como explica Lenin en el siguiente texto:

“El materialismo proporciona un criterio completamente objetivo, al destacar las relaciones de producción como estructura de la sociedad, y al permitir que se aplique a dichas relaciones el criterio científico general de la repetición, cuya aplicación a la sociología negaban los subjetivistas. Mientras se limitaban a las relaciones sociales ideológicas, no podían advertir la repetición y la regularidad, y sintetizar los sistemas de los diversos países en un solo concepto fundamental de formación social. En síntesis fue la única que permitió pasar de la descripción de fenómenos sociales (y de su valoración desde el punto de vista ideal) a su análisis rigurosamente científico, que subraya por ejemplo, qué diferencia a un país capitalista de otro y estudia qué tienen en común todos ellos. Por último, esta hipótesis creó, además, por primera vez, la posibilidad de existencia de una sociología científica, porque sólo reduciendo la relaciones sociales a las de producción, y estas últimas a nivel de fuerzas productivas, se obtuvo una base firme para representarse el desarrollo de las formaciones sociales como un proceso histórico. Y se sobreentiende que sin tal concepción tampoco puede haber ciencia social (los subjetivistas por ejemplo, reconocen que los fenómenos se rigen por leyes, pero no pudieron ver su evolución como un fenómeno histórico precisamente porque no iban más allá de las ideas y fines sociales del hombre, y no supieron reducir estas ideas y estos fines a relaciones sociales materiales)” 1

En efecto, es posible indagar sobre estudios respecto de las creencias, intenciones y valores de los sujetos sociales, Kant, Tönnies, Weber, Boudon y Touraine son un ejemplo de ello. No obstante, como señalaba Lenin en 1984 en el texto citado, las teorías que se basan en el idealismo sociológico en desmedro del materialismo, no logran enlazar las ideas y fines de los sujetos sociales a relaciones sociales materiales en el curso de su evolución histórica como en el caso del marxismo. En 2009, el filósofo y politólogo boliviano Luis Tapia, realizó un análisis de la política y la flecha del tiempo en los siguientes términos:

 “Como sujetos individuales nos constituimos en el tiempo y, en la medida que somos seres sociales, nos constituimos en relación a estructuras sociales e historias acumuladas y en movimiento que, también, son producto del tiempo. Las formas de la vida social son temporales, son producciones y reproducciones históricas. Son una experiencia del tiempo que tiene sentido y dirección. Las sociedades se mueven en sus espacios, en los espacios de otras sociedades y en el tiempo, porque son tiempo.” 2

 En ese contexto, la teoría marxista continúa vigente en el terreno científico por el análisis del sistema capitalista y las relaciones sociales de producción que lo determinan, relaciones de explotación que explican las características socioeconómicas de los países dominantes y dominados, así como el desarrollo contingente de sus ciclos políticos, el desarrollo de sus fuerzas productivas y las relaciones con los actores económicos y el poder internacional. No obstante, los subjetivistas pretenden descalificar esta teoría apoyados en la muletilla consabida de lucha contra el reduccionismo economicista. Al respecto, en una carta dirigida de Engels a Bloch en 1890, se señala:

“Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta –las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y su evolución. Hay una interacción de todos estos elementos. Si no fuese así, la aplicación de la teoría marxista sería más fácil que la solución de un simple problema matemático de primer grado.”

Esto equivale a decir que las motivaciones, fines e ideas de los sujetos sociales, se estudian en base a su relación dialéctica con la estructura social, en un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores. De forma que queda claramente establecido, que se trata de una teoría social vigente, basada en abstracciones sucesivas, cuya validez no se verifica mediante la experimentación artificial controlada, sino a través de la experiencia proporcionada por el desarrollo histórico.

 

¡LA GLOBALIZACIÓN Y EL MITO DE LA DESIDEOLOGIZACIÓN!

En la novela “La Caverna” del premio nobel de literatura José Saramago, el escritor portugués pretende suscitar una discusión en torno a la nueva caverna de la sociedad: El centro comercial como un espacio de formación de la mentalidad humana, una gran superficie donde estamos poquito a poco, renunciando a pensar, algo que debería alarmarnos en un tiempo en el que el mundo está cambiando a una velocidad increíble, y nos están llevando en una dirección que no podemos ni imaginar las consecuencias. Quizá esta especie de renuncia a ver el mundo tal como es en la actualidad, es producto de lo que el teórico Antonhy Giddens planteaba en su obra “La tercera vía”, sosteniendo que la nueva era post-política requería del abandono a las viejas divisiones ideológicas, para resolver las nuevas problemáticas con ayuda de la competencia del experto, como el conocido lema de Deng Xiaoping de los años sesenta: “Poco importa si el gato es blanco o pardo, con tal de que cace ratones”.  Asimismo, Giddens decía: “Para la nueva derecha la globalización es una oportunidad; para la vieja izquierda una amenaza; para la tercera vía un desafío”. Esta teoría que ha sido una moda intelectual desde la época de Tony Blair y sus planteamientos del “nuevo laborismo” y el “centro radical”, tiene gran acogida principalmente en los sectores de clase media. Al respecto, en su libro “En defensa de la intolerancia”, Zizek señala que:

“Esta deformación se percibe hoy en la única clase que, en su autopercepción “subjetiva”, se concibe y representa explícitamente como tal: es la recurrente “clase media”, precisamente, esa “no-clase” de los estratos intermedios de la sociedad; aquéllos que presumen de laboriosos y que se identifican no sólo por su respeto a sólidos principios morales y religiosos, sino por diferenciarse de, y oponerse a, los dos “extremos” del espacio social: las grandes corporaciones, sin patria ni raíces, de un lado, y los excluidos y empobrecidos inmigrantes y habitantes de los guetos, por otro.” 3

El correlato se acentúa con la incursión de la generación “Y”, los denominados ‘millennials’, que son personas nacidas entre los años 1980 y 2000; que representan un sector demográfico importante; que conforme a los avances tecnológicos disponen de enormes cantidades de información (un hecho inédito en la historia); y que según establecen algunos (pre)juicios, guían su formación a través de las redes de internet o de las grandes cadenas televisivas, haciendo eco de la era post política y post ideológica, donde las líneas de izquierda y derecha se desdibujan para dar paso a la tercera vía.

En consecuencia, como otra premisa sustantiva del presente artículo, se pretende refutar la noción de quienes sostienen que deberíamos retroceder discursiva y fácticamente (con todo lo que ello implica) a nuestra “excesiva ideologización” desde la izquierda, inclinándonos hacia posiciones mucho más acordes a los nuevos tiempos. Esta réplica se sustenta en una primera idea central: Quizá esta nueva era supuestamente post política y post ideológica, es justamente el espacio al cual nos condujo la globalización capitalista: Una sociedad que en ‘apariencia’ ya no tiene espacio para las ideologías, donde derecha e izquierda ya no existen, donde tienes un lugar en el espacio social aunque seas indígena, negro, campesino, joven, mujer, lesbiana u homosexual, porque “aparentemente” eres igual al resto de los ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones. Pero lo que se oculta, es que existe una discusión racional entre intereses múltiples a condición de lo que Badiou denomina como doble subsunción. Por un lado, la subsunción a la lógica del mercado y el consumo; y por otro, la subsunción a la democracia liberal representativa. Un paso más allá, los hechos testarudos corroboran que la participación de las personas en las relaciones sociales de producción, continúa evidenciando que la condición de clase sigue latente y por tanto las desigualdades sociales, que devienen en tiempos de inestabilidad con consecuencias catastróficas. En las ciencias sociales, este razonamiento de renuncia a la ideologización o de reajuste de la política a los nuevos tiempos, se ubicaría en el plano de las teorías subjetivistas que se circunscriben unilateralmente en los fines y motivaciones de las personas, y dejan de lado las relaciones sociales materiales. Una segunda idea de esta réplica a la metamorfosis que se plantea en las formas de comunicación política, de menos ideología y más marketing estilo ‘chic’, establece que esta propuesta de un grupo de intelectuales, académicos, artistas y activistas de clase media en su mayoría, tiene la enorme dificultad de percibir las relaciones imperantes en las formaciones capitalistas, como relaciones de explotación. Entonces, si no se advierte realmente que el sistema establece relaciones sociales binarias y antagónicas, es probable que las abstracciones teóricas vean unanimidades donde no existen, representando una inminente capitulación política, ideológica y programática.

 

¿QUÉ HACER? LA SOMBRA ES LO QUE PERMITE HACER LA LECTURA DE LA LUZ

El primer texto de Lenin titulado ¿Qué hacer? “muestra su voluntad incondicional de intervenir en una situación determinada, no en el sentido pragmático de ajustar la teoría a las exigencias realistas mediante soluciones de compromiso necesarias, sino, por el contrario, en el sentido de descartar todo compromiso oportunista, de adoptar la posición radical inequívoca sólo desde la cual es posible intervenir de una forma tal que nuestra intervención cambie las coordenadas de la situación.” 4

La posición radical inequívoca es la profundización del proceso de cambio boliviano, a partir de la rearticulación de las organizaciones sociales como actores protagónicos del proceso; la continuidad de los procesos de diversificación productiva e industrialización; la lucha frontal, ética, política, honesta y consecuente, contra toda forma de corrupción y oportunismo; la generación de condiciones para desplegar fuerzas productivas comunitarias, que en los hechos sustituyen el trabajo enajenado y la apropiación privada a través del trabajo recíproco y la propiedad común; la nacionalización de la minería como segundo sector estratégico de la economía nacional; la desburocratización del Estado a través de la formación política y técnica del servicio público, para un trabajo consustanciado con el momento histórico; la reconexión con el instinto de preocupaciones actuales de la sociedad civil, sobre todo en temas de salud, vivienda, servicios básicos, empleo y violencia en razón de género; la profundización del internacionalismo socialista con una plataforma unificada de desarrollo regional y políticas continentales, para insertar a nuestros países de América Latina y el Caribe de una manera segura en el sistema mundial de Estados; y la profundización teórica y científica de nuestros planteamientos, etc. Estas líneas programáticas, de naturaleza inexcusablemente política, permitirán que afrontemos estos tiempos interesantes, con la entereza suficiente de guardar coherencia con el horizonte civilizatorio propuesto: el socialismo comunitario para vivir bien.

Finalmente, en lo que respecta a las formas de comunicación política, no debe soslayarse el hecho de que las redes de internet, a partir de las cuales se orquestan las llamadas plataformas ciudadanas en contra del proceso de cambio, son al final del día un medio más de comunicación masiva, donde el desafío mayor es despertar la capacidad suplementaria de la ciudadanía, donde todos tienen algo que aportar y algo que decir para la superación de un sistema capitalista y neoliberal que nada bueno le trajo ni le ofrece al país.

En síntesis, no podemos aceptar que las ideologías acabaron porque cederíamos un terreno elemental en la lucha contra la globalización capitalista y renunciaríamos a nuestra teoría científica, que como se ha demostrado, es absolutamente pertinente y relevante aun en estos tiempos que se pretenden apolíticos; aunque existen claramente dominantes y dominados y se viven tiempos interesantes con la participación directa del imperialismo norteamericano, que es el principal invasor bélico en el mundo y el mayor interventor de los Estados soberanos.

Se auguran conflictos por un periodo sostenido en el sur. Una posición política coherente no retrocede, se atreve a mirar estos tiempos como exigencias inaplazables para la profundización del cambio social, con la convicción firme de que no somos estirpes condenadas a cien años de soledad que no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra. Ya lo dijo Mao: “Hay un gran desorden bajo el cielo y la situación es excelente”

 

*Militante de Columna Sur Chuquisaca

 

1“Quiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los socialdemócratas”, Lenin Obras completas.

2“Pensando la democracia geopolíticamente”, editores Muela del diablo, 2009.

3“En defensa de la intolerancia”, ediciones sequitur, Madrid 2008.

4“Amor sin piedad” Hacia una política de la verdad. Slavoj Zizek, editorial Síntesis, 2001.

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