Apuntes sobre las elecciones legislativas en Estados Unidos

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Javier Garcia / La Resistencia

El martes 6 de noviembre se han celebrado elecciones legislativas en el gran imperio estadounidense, que han sido la muestra más visible de la polarización política que vive la potencia desde hace varios años. Con unos demócratas radicalizados que han llamado a votar para tumbar el régimen de Trump. El resultado ha sido un empate incómodo, tanto para los demócratas como para el partido republicano de Trump.

En esta elección ha quedado claro que los viejos días donde los dos grandes partidos estadounidenses carecían de diferencias notables, están muy lejos en el pasado. Ya desde cuando gobernaba Obama las diferencias radicales entre el sector de derecha del partido republicano, llamado comunmente “Tea Party”, y las fuerzas demócratas, amenazaban con erosionar el consenso en política exterior e interior; con llamadas continuas de los republicanos a paralizar el país con su control del Congreso e incluso promover un movimiento separatista en Texas. Las elecciones presidenciales de 2016 terminaron de fraguar esa diferencia con el “Tea Party” haciendo un golpe de estado en el Partido Republicano y volviéndolo un partido de corte semi-facista, con Trump como su cabeza. Al grito del ahora presidente, millones de campesinos, obreros y profesionales blancos han declarado grito de guerra para volver a las épocas del aparheid previas a 1950.

Elecciones en EEUU por el New Yorker

La derrota de los demócratas en 2016, a la cabeza de las viejas élites neoyorkinas representadas en Hillary Clinton, llevó a su partido de corte neoliberal a radicalizarse y tensionar más el escenario político. Con una agenda de defensa radical de la igualdad étnica, feminista e incluso con movimientos anticoloniales en su seno, el Partido Demócrata ha buscado contrarrestar el populismo semi-facista de Trump con un voto étnico de los grupos afrodescendientes, latinos y asiático militantes. Estos grupos étnicos amenazados por una ofensiva fascista que les quita los pocos derechos que tienen, han abrazado al Partido Demócrata aunque este haya continuado siendo un partido neoliberal por excelencia. Por otro lado, Estados Unidos ahora es el epicentro del mayor movimiento feminista en el continente americano y, al plantearse el Partido Demócrata como su mayor representante, logra cosechar millones de votos entre mujeres defendiendo consignas como la persecución al feminicidio y la paga igual entre mujeres y hombres.

Dos mujeres se ayudan para emitir su voto en una mesa electoral de Minneapolis, en Minesota.

Ese fue el escenario en que ambas fuerzas se midieron el pasado martes. Con la victoria de los demócratas en la Cámara de Diputados y la de los republicanos en el Senado es seguro que el Congreso estadounidense será inoperante, dadas las peleas sin cuartel entre ambos partidos, al menos en los proximos cuatro años. En ese escenario es probable que la tensión politica crezca y pueda llevar a todavía más episodios de intolerancia y violencia en las calles, que se han vuelto comunes en este nuevo Estados Unidos.

Kristen Leach ejerce su voto acompañada de su bebé de 6 meses de edad en Atlanta (EE UU). La firma Catalist calcula que 31 millones de electores votaron ya por anticipado en los comicios legislativos, estimando una alta participación en la jornada del 6 de noviembre de 2018.

 

Artículo publicado en el periódico Prensa Rural

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