Achacachi: dialéctica de la esquizofrénica relación de la trama colonial

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Ukjampiniskhw,  mamitajax saskiriw,  “jaya maranakat”  juttan sasa.  “Chullpa Jaqinakat juntan” KunaPachatixa, achachilanakaxa   sum  jakapxan, juyra  alinakas, uywanakax parlirin  sapxarakisä.  “Ukjamat, lupiw mistun” utakat punkunapakax  inti jalsur tuqiru lurapxatayna, “lupix maysa tuqit jalsuni” sasas. Ukata maysa tuqit jalsunitayna, ukat q’al nakhantayatayna, mä juk’akiy Pachax,  ukat jisaya utjtan.[1]

 

En mi sueño he visto bailar en Achacachi… comenzaba el Malacum Wawapa de Kalamarka… en estos días me he preguntado si la oligarquía, las clases altas y medias podrán entender el párrafo de introducción del artículo, ¿sabrán los mitos andinos y su relación con el cosmos y la naturaleza, conocerán el mundo de los espíritus conectados a los mitos del origen de la existencia del universo; en la esfera del Aka Pacha (realidad presente)? ¿comprenderán los neo – ambientalistas modernos que se declararan los defensores del TIPNIS que la coca se remonta a tiempo, espacio, movimiento y energía inmemorial, es decir la Ch’amak Pacha[2]?. Es una edad donde la materia y sus diversos niveles de existencia se conciben por la complejidad dinámica del Pacha. ¿Entenderán los neo – ecologistas del siglo XXI que de los pocos sobrevivientes de ese tiempo (la memoria y la historia oral andina) de donde nosotros procedemos. Por eso dicen los abuelos, que la coca[3] viene de la misma generación de los Achachillas y Awichas del Ch’amak Pacha)?.

En 1885, Gabriel René Moreno escribió “Nicomedes Antelo”, ejemplifica la más extrema posición darwinista en la “cuestión del indio”: aparte de la desaparición del indio, lo que se necesitaba para regenerar al país era una seleccionada inmigración anglosajona. para concentrar su análisis en una clase particular de degeneración: la producida por causa de la mezcla racial. “Los indios debían ser eliminados para así evitar el mestizaje: la exterminación de los inferiores es una de las condiciones del progreso universal” (…) “Indio Incásico asqueroso huraño prosternado estúpido y sórdido” (…) “El vecindario de La Paz dice en 1899 la clase letrada y cristiana la que vive en la atmósfera de la civilización, siente por los aimaras un grande horror”. “Los indios cholos son hipócritas, solapados, ladrones por instinto, mentirosos, crueles y vengativos. En apariencia son humildes porque lloran, se arrastran y besan la mano que les hiere; pero ¡ay de ti si te encuentran indefenso y débil! Te comen vivo”.

Serán los mismos argumentos de las élites cruceñas para crear su identidad camba, tendrán que recurrían a los mitos raciales, y su “aspiración” a ser distintos del resto de la sociedad boliviana por ser de origen español.

Las mismas elites cruceñas que en 1887 en la rebelión de Andrés Guayocho que tendría como epicentro Trinidad Beni, y como consecuencia precisamente de la política de enganches y el uso abusivo de la mano de obra indígena para el trabajo de explotación de la goma con un despiadado sometimiento de los indígenas que habitaban tanto las llanuras mojeñas por parte de las elites cruceñas. Muchos de estos pueblos formaron parte de las misiones jesuíticas que funcionaron entre 1667 a 1767. Los indígenas mojeños constituían “la principal y virtualmente única mano de obra que nutría aquella industria”. Entonces la causa para que se suscitara la rebelión indígena es porque la situación social de los indígenas: “La rebelión consistió en el éxodo masivo de la ciudad de Trinidad, abandonando a los carayanas (blancos), en busca de otras tierras, a la que llamaron la tierra sin mal o la loma santa. Como represalia, los carayanas organizaron expediciones “para sentar la autoridad y tomar presos a los cabecillas del movimiento” con “voluntarios cruceños” al mando “del cruceño Nemesio Saavedra […] en las poblaciones indígenas, Saavedra y sus hombres incendiaron casas, capillas y plantaciones, talaron frutales, degollaron y fusilaron a mucha gente, incluyendo ancianos y niños, y se entregaron a la violación y al pillaje”.

Las mismas elites cruceñas que ahora se niegan a la carretera del TIPNIS, aducen al proyecto del MAS como ‘andinomanía’. Como una actitud de dominación indigenista, sectaria y excluyente dirigida a imponer la cultura andina y estimular el centralismo administrativo con una visión exclusivamente racista de los cocaleros comunitarios, que invadirán sus tierras y destruirán la Madre Tierra.

Lo dramático de tal situación para los países de los que son más o menos inconscientes ciudadanos es cada vez más evidente la verdad de la frase de José Martí: “Hasta que no se haga andar al indio no comenzara a andar bien la América“.

En una interpretación zavaletiana… Achacachi, representa esa dialéctica de la esquizofrénica relación de la trama de la condición colonial, que nos envilece a todos, pero no por igual, a unos de una manera y a otros de otra. El indio al convertirse de pongo o siervo “en parte de su ser” (del señor) pasa a ser subalterno en las relaciones coloniales ven con los ojos de otros; en esta propuesta, el amo también “ve por medio de otro” que es el pongo. A esto es a lo que nos referimos con una relación absolutamente esquizofrénica de las relaciones coloniales. Una verdadera enfermedad de la cual nadie escapa, de un lado o del otro. Unos sintiendo lástima de sí mismos y otros sintiéndose afortunados de tener indios a disposición. Sin darse cuenta que “el siervo es la enfermedad del amo”, enredados ambos en una “articulación nefasta”.

Al hacer una interpretación del movimiento de Amaru que desperdicio cuatro años reclamando el reconocimiento de su condición señorial es una forma de manifestación de la lógica de disolución de la identidad porque existe un “servicio espiritual” hacia lo señorial, sin que esto signifique que sea un proyecto colonial. Estas reflexiones nos proyectan no solo denunciar la condición colonial de una forma mecánica, sino a la articulación de los caminos de la emancipación. Nuestras sociedades, que sufren el peso de la colonialidad son los reproductores de la misma.

El debate de lo colonial o la condición colonial, de “desprecios escalonados, en el que uno se afirma pisoteando a los de abajo”. La violencia sería un proceso constitutivo, tanto en sus formas visibles y abiertas como en las encubiertas o invisibles, vinculadas a los procesos de disciplinamiento cultural. La “violencia invisible” o “encubierta” que la cultura dominante ha ejercido sobre los otros, una relación de culturas no puede ser posible dentro de este marco estructurante que parte de la negación de tu ser en espacios agresivos en los cuales -en palabras de Marx- “la desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización de las cosas”, espacios imponentes que forman parte de un gran mecanismo hegemónico llamado superculturalidad, puesto que éstos son parte de la sociedad moderna mercantil cuya expresión discursiva es el dominio de cosas sobre personas.

Una sociedad con estructura colonial tiene una jerarquía pigmentocráticas, que no impide que personas con “características indigenas”, que “ascendieron” socialmente fruto de sus relaciones monetarias, exploten y reproduzcan relaciones de dominación sobre individuos que se encuentran en el mismo nivel en la estructura colonial, pero el ilusorio “ascenso” social nunca lograra penetrar una estratificación de casta. Es frente a estas relaciones coloniales entre grupos sociales (consideradas “normales”) que surgen discursos de resistencia a un “cambio” de las bases estructurantes; que un “indio” ocupe la presidencia puede ser aceptable, pero que un “indio” sea jefe, “mi jefe”, eso no puede ser aceptable, por eso algunos consideran que “se le da mucho poder a los indios” o “indígenas”, siendo que el lugar de enunciación no proviene de un terrateniente de ascendencia europea, viene del trabajador, que toma como su base identitaria el ser mestizo.

A, Andrés Santa Cruz Khalaumana : “Gran Ciudadano, Restaurador de la Patria, y Presidente de la República Boliviana, Capitán General de Brigada de Colombia, Gran Mariscal, Pacificador del Perú, Padre Protector de la Confederación Perú – Boliviana”  al cual la oligarquía odiaban llamándolo el “General Indio, Geton y testaduro”.  del cual Hugo Wilson cónsul de Inglaterra en Bolivia en una carta al general Burdett o Connor decía “Me acerco a este indio con mas respeto que al Rey de Inglaterra” hizo posible el sueño de la Confederación Perú – Boliviana. Alcides Arguedas en su Historia de Bolivia lo calificaba como: “Presidente y dictador, era indio, indio neto del burgo de Huarina…; que Catacora, el protomártir de la independencia, era indio; que eran indios ellos mismos; pero no lo querían creer, y todos, comenzando por los descendientes del mariscal, con diligencia en que parecía irles vida y honra, se apresuraban en sacar a lucir rancios y oscuros abolengos, cual si el pasar por descendientes de indios les trajese imborrable estigma, cuando patente la llevaban del peor y maleado tronco de los mestizos, ya no sólo en la tez cobriza ni en el cabello áspero sino más bien en el fermento de odios y vilezas de su alma”

La figura de Evo Morales ilustra la complejidad de la cuestión indígena, el Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, también cocalero, es un sindicalista campesino, para muchos desarraigados (puesto que migro muy joven del gélido altiplano de Oruro para convertirse como colono en la zona tropical de Chapare y que casi no habla la lengua materna, el aymara, “No te queremos, ¡Indio de Mierda ándate; Kolla de Mierda, Negro de Mierda ándate ¡No te queremos pues, Que viene a  fregarnos en Santa Cruz la vida, ¡Es un kolla de mierda¡ ¿Cómo nos va a gobernar un indio a nosotros? ¿Cómo piensan que uno que no tiene ni educación primaria nos gobernara acá? Viene y nos pisa el suelo cruceño, donde nadie lo quiere; Evo es un insulto al cruceño” le gritaba un joven en el aeropuerto en los primeros meses de su gobierno esos son los argumentos para descalificar la imagen del Primer Presidente Indígena de América Latina. Pero la importancia como forma de afirmación de una etnicidad simbólica, reconquistada mediante acción política y la influencia difusa de los discursos indianistas emergentes. Una indianidad que no responde a la adscripción del tejido comunitario indianista sino que nace de la lucha social de reivindicación de la hoja de coca y de varios simbolismos de identificación abstractos como la whiphala. El Movimiento al Socialismo MAS tiene la virtud de ser culturalmente mixta intensamente marcada por su origen sindical y que preconiza un gobierno de ponchos y corbatas

Sera esta narrativa que desplazo al nacionalismo aymara radical agresivo y auto determinativo de Felipe Quispe Huanca quien tuvo la virtud del radicalismo discursivo y simbólico: “soy el padre fundador del EGTK, soy el Mallku. La inmensa mayoría no puede estar manejada por una pequeña minoría dominante blancoide (…) El Indio hace todo y el qh’ara no hace nada, es por esto que nos alzamos en armas y Algún día los Quispes, los Mamanis, los Condori vamos a Gobernar (…) ”

En los conflictos de 2000 con lágrimas en los ojos pronuncia la célebre acusación al Estado Colonial Republicano y mostro a las nuevas generaciones la existencia de las 2 Bolivias: “Nosotros les hemos llamado a Ustedes, les hemos dado nuestro territorio. les hemos alojado a ustedes extranjeros ¿Y ahora?, nos ¡Matan…¡ ¡Carniceros! Y ahora por ¿Qué no me matan a mí? ¿Por qué matan a mis hermanos quechuas? ¿Por qué matan a mis hermanos aymaras?  ¿Por qué? Quiero saber la Respuesta. El único delito que hemos cometido es reclamar el poder político que nos devuelvan a nosotros ¡Asesinos¡ ¿Por qué nos Matan? El pueblo entero quiere saber esto, la faz del mundo tiene que saber. Me da pena ver a estos sanguinarios, se han manchado con la sangre indígena..  Ahora descuartícenme como a Tupak Katari con cuatro tanques. ¡¡Asesinos¡¡….

Sera este llamado el epíteto de mi generación, el resurgimiento de luchas sociales e indígenas, la via de momentos de rebelión y sueños de emancipación.

“Matar un kolla es hacer patria”, decía un  grafiti en el centro de la ciudad de Sucre. ¡El que no salta es llama! Vociferaban algunos estudiantes de la Universidad San Francisco Xavier mientras escupían a los campesinos. ¡Democracia sí, dictadura no! Gritaba el grupo que impedía el inicio de las sesiones de la Asamblea Constituyente. Cualquiera que estuvo en Sucre vivió esa esquizofrenia colectiva.

La  estrategia  discursiva  de  algunos  medios  fue  la reactualización del trauma de la Guerra Federal y de la masacre de Ayo Ayo, cuando un grupo de estudiantes de Sucre fue masacrado por las fuerzas de Zárate Willca en el año 1899 en una articulación de éstos dos hechos, uno real y otro imaginario, reactualizaron  en  la  mente  popular desencadenando sentimientos de terror que fueron primero exacerbados por narraciones de “los Ponchos Rojosque comían perros, hasta terminar en relatos de antropofagia. Estas dos imágenes organizaron un discurso que justificaba lo inevitable de la oposición entre lo culto y lo salvaje. Tal caracterización fue reforzada a la idea de una cultura superior y otra inferior o a la noción una clase de personas que ejercen una cultura dominante frente a otra clase de gente, que no tiene cultura y que, por lo tanto, es inferior: “No debemos dejarnos avasallar por esta gente de El  Alto somos de Sucre culta y universitaria”.

–  ¡El que no salta es llama! – ¡El que no salta es llama! – ¡Viva la capital de la República de América! ¡Indias de mierda!  ¡Ahora van a ver, llamas de mierda! Qué se  vayan  todos  estos  indios  de  aquí, porque no son de aquí. ¿Qué hacen aquí?

–   … Mamanis, Quispis, janiwas…. –  ¡T’aras de mierda! ¡Ningún chuk’uta carajo, ha de querer gobernar!  “¡Ponchos Rojos, cabrones: Sucre será su tumba!”

Eran los gritos que se escuchaban en las calles…de esa manera, los rumores articularon los prejuicios xenófobos y racistas, al miedo y la indignación, para así generar una turba imbuida de odio y con voluntad de ejercer violencia.

Diez años después cual la intención de estas oligarquías que perdieron privilegio de clases para invocar al Mallku, como el gran líder indio, reconstruir el imaginario narrativo del guerrero aymara, idealizado redentor llamado a liberar al pueblo frente a la tiranía vende patria del comunismo cocalero y su dictador no indio degenerado, borracho y mujerío y sus hordas de llunkus, que a usanza de Neron quemara Roma, parte de la concepción del indigenismo telurista que exaltaba a la raza indígena y preconizaba su resurgimiento a través de la vuelta de los valores del Tawantinsuyu como una visión totalmente idealizada que se preguntaba ¿Cuáles han de ser las medidas inmediatas y mediatas que debe tomar el gobierno indio?¿Qué vamos a hacer con el Poder? Objetivamente y tangiblemente ¿en qué consistiría el socialismo cósmico?”¿Que es el socialismo indio?… El socialismo utópico del “indio imaginado” esa del indio como reserva moral del mundo y no como el sujeto histórico como horizonte emancipatorio.

Hace algunas horas Álvaro García Linera nos recordaba como Achacachi fue escenario de las grandes movilizaciones contra el neoliberalismo donde las comunidades indígenas rebeldes y emancipatorio (…) Aquí he aprendido lo mejor de mi vida, a caminar con los abuelos para aprender su conocimiento, a meter la mano a la tierra. Aquí he aprendido a batallar, aquí he aprendido amar y aquí también hemos aprendido a defender los recursos naturales. La victoria se escribe con poncho, con abarca, con whipala, se escribe con flecha, en idioma indígena. En esa victoria del pueblo indígena no habrá que retroceder. Desde Omasuyos saldremos a la lucha, los de Omasuyos somos así, como la piedra: indestructibles, como el Illampu: invencibles. Omasuyos está de pie, Omasuyos es la Patria y defenderá con su pecho, con sus manos, con las piedras, con la Curahua, se defenderá esta revolución, estos cambios y este gobierno revolucionario”.

El escenario de la lucha social contemporánea en nuestro continente es la opresión de clase y de raza se entreveran el indio ancestral presuntamente transmutado en moderno campesino El imaginario étnico del “buen salvaje”o el “indio ideal” frente al desprecio del “indio real”, el proceso de “(re) indianización” frente a indigenismos románticos, en esa dialéctica de ángeles y demonios surge la emergencia de la “indianitud”, desde abajo con núcleo  cohesionador de la identidad subalterna de indígenas que cuestionan la inclusión abstracta y la exclusión concreta en la que aún se mantienen, en la que siguen manteniendo la ciudadanía de segunda en su propio país, con su variedad de imaginarios étnicos entre dos paradigmas opuestos dialécticamente… En este horizonte emancipatorio seguiremos luchando e imaginando una sociedad inédita más allá de la esquizofrénica relación colonial que todavía pervive y como dicen mis hermanos mapuches de lucha y causa india… Mariwechu diez veces la victoria…

[1] (Así siempre fue, Pä = dos elementos y Cha: fuerza. Dos energías en acción: taqikunas payapuniwa akaPachanxa. Dos fuerzas de energía creadora, que es el motor de la existencia del Maya (universo). Mi madre decía, que descendemos de los Chullpas. En esas épocas de la oscuridad, nuestros antepasados vivían muy bien, dicen que la naturaleza y los animales hablaban. Después dijeron que el sol saldría por el oeste, y todos construían sus casas con la puerta hacia el este, sin embargo, en los hechos el sol salió por el este y ellos fueron quemados.

[2] El relato mítico hace referencia a planos y dimensiones sutiles, donde la materia es dúctil y la materia invisible se transparenta. La traducción lingüística hace referencia a una edad oscura o de penumbras, con presencia de una luz tenue, donde hubo vida humana, animal y vegetal.

[3] El origen de la coca, es parte del origen del Aymara o propiamente dicho Jayamara (provenientes de tiempos lejanos). Por esta razón, las abuelas(los) consideran que la coca es tan antigua como el jayara A partir de esta concepción se considerada que la coca es parte de la naturaleza del Ayllu, el cosmos y los espíritus.

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