21 F, La telenovela de la política boliviana

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Jazmín Valdivieso Sotomayor*

“No se gobierna: se permanece en campaña”. Omar Rincón

 

La política, es un escenario más en el que se actúa el guión de una vida, escrita por imaginarios de conducta a la hora de representar el personaje que se quiere ser; en éste escenario lo privado y lo público se debaten en relación a líneas de pensamiento guiadas por un adoctrinamiento institucional y la influencia de los consumos culturales.

En América Latina el melodrama[1] ha resultado siendo algo más que un género dramático: matriz cultural que alimenta el reconocimiento cultural de las culturas de masa, territorio clave para estudiar la no simultaneidad de lo contemporáneo como clave de los mestizajes de que estamos hechos… en forma de tango o bolero, de cine mexicano o de crónica roja, el melodrama trabaja en estas tierras una veta profunda del imaginario colectivo, y no hay acceso a la memoria ni proyección al futuro que no pasen por el imaginario (Barbero 2002, 195)

El melodrama inmerso a en nuestro diario vivir es la base, entre otras cosas, de la generación de los imaginarios respecto a la moralidad, lo ético e incluso la identidad, tanto colectiva como individual, así pues a diario encontramos en nuestro alrededor al bueno, al malo, al villano, al salvador, etc. “ el melodrama es una forma narrativa de convertir el saber “trágico”- ligado  a las experiencias concretas de las sociedades- en, imaginación cotidianamente afirmativa” (Herlinghaus 2002, 58),Pero ¿qué pasa cuando esto es llevado a la política? Un caso reciente y llevado hasta pantallas internacionales es el acontecido en Bolivia:

Sinopsis                                                                                

El caso inició con la denuncia que hizo el periodista Carlos Valverde respecto a la supuesta existencia de un hijo entre Gabriela Zapata, gerente de la empresa  china CAMC y el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia Evo Morales Ayma, posteriormente se sumaron las investigaciones que hizo una periodista llamada Amalia Pando, respecto a unos supuestos contratos millonarios entre la empresa china CAMC y el gobierno, Pando cuestionó la relación que existía entre Zapata y el gobierno, en ese entonces, comenzaron a circular por las redes imágenes de Zapata apoyando en campañas al gobierno de turno MAS (Movimiento al Socialismo), y al lado de Evo Morales, actual mandatario del Estado Plurinacional de Bolivia, más tarde las noticias especularon respecto un presunto tráfico de influencias.

En este momento, las redes sociales jugaban un rol esencial, pues es a partir del ingreso a la cuenta de Facebook de Zapata que se difunden fotografías de un niño que posa al lado de ella al que se le atribuyen rasgos similares a los del mandatario, pero fue el trabajo conjunto de los medios tradicionales (radio, prensa, televisión), junto con las redes sociales el que dio fruto a éste melodrama, pues si en algún momento se duda de la validez de la divulgación de las noticias por las redes sociales, los medios “tradicionales” son los que cumplen la función de acreditación de lo dicho.

No tardaron mucho en buscar declaraciones, entonces, Zapata, quien se convirtió en la noticia favorita de los medios durante aproximadamente cuatro meses, casualmente el tiempo en el que se hacía un referéndum respecto a la posibilidad de una reelección de Morales a la presidencia (que vendría a ser el cuarto mandato del mismo) declaró la existencia de un hijo de Morales y al ser apresada por presunta corrupción respecto a los negocios millonarios como gerente de la empresa chima CAMC, aseguró un complot hacia ella por parte del gobierno y sus asesores.

En este momento de la “telenovela boliviana”, denominada así más tarde por usuarios de las redes sociales que seguían de cerca este caso, las tensiones se comenzaban a notar y parecía la lucha desde dos bandos, las declaraciones de Morales versus las declaraciones de Zapata, los acontecimientos llegaron a un climax de tensión cuando Morales declaró: “alguna vez la he visto, cara conocida se me hace”, “ella me dijo que el hijo había muerto, pero si existe el hijo que lo traiga”. Estas declaraciones desataron opiniones en las redes sociales que ponían en cuestión la capacidad de Morales para ser presidente de un país si “ni siquiera había podido ser un buen padre”, se cuestionaba que él no sepa siquiera si el niño había muerto, se preguntaba si siquiera habría ido al entierro, se lo juzgaba con argumentos que lo denominaban machista por no querer reconocer a Zapata, etc.

Una cuestión de género surgió, Zapata incrementó esta corriente con declaraciones que repetían constantemente el abuso que se cometía con ella por su condición de mujer: “se están violando mis derechos como mujer”, declaraba. Cuando se decidió llevarla a la penitenciaría de Miraflores para mujeres, ocurrieron otros procesos internamente, como los encuentros con las internas, Zapata, tenía el poder de llamar a los medios, que parecía que hacían guardia en la puerta de la penitenciaría por si algo se presentaba, ella aseguraba que se sentía amenazada, que las mujeres del penal le amenazaban con violentarla, que temía por su vida; una comisión de mujeres del penal se reunió para asegurar  que ella mentía, que les provocaba porque quería que la pegaran.

Las noticias seguían en el rebote de las declaraciones, mientras tanto, las redes sociales seguían su propio proceso, pero esta vez, con una balanza más inclinada respecto a los buenos y los villanos, se hicieron publicaciones de las mujeres de la comisión del penal que dio las declaraciones, llamándolas asesinas, rateras, mentirosas, entre otros calificativos,  ahí cabe la pregunta ¿qué cuestión de género se estaba peleando en este caso? ¿Acaso las detenidas no cumplían también con la caracterización de género? Sí, son mujeres, pero en los imaginarios ya se comenzaban a generar las nociones de victimarias y víctimas.

Llegó un momento en éste rebote de declaraciones que parecía tocar sólo asuntos entre Morales y Zapata, en el que se  incrementaron nuevos actores, como una “segunda temporada” de la telenovela. Zapata hizo circular una carta que escribió desde la penitenciaría, dirigida al Ministro de Gobierno Juan Ramón Quintana, en la carta aseguraba haber tenido una relación amorosa con Quintana, los imaginarios en las redes respecto a Morales pasaron de mal padre a “el cornudo”, ésta fue la etapa de la mofa en el melodrama, se sacaban memes con fotografías de Quintana, Morales y Zapata respecto a la deslealtad, “en el melodrama no se articula tanto una protesta social  dirigida en contra de un adversario concreto, sino más bien la búsqueda de un sentido cosmológico en la vida misma” (Walter 2002, 219), en ese mismo sentido, se comprende que lo sucedido en esta telenovela se lo llevará a la comparación con la acción gubernamental, se hacía la analogía de un quiebre en la relación de Quintana, como mano derecha de Morales, respecto a inestabilidad interna y deslealtad en el partido de gobierno.

Lo estético

Acá se jugaron también valores de lo “estético”, como el cuestionamiento que se hizo de los cambios que fue teniendo Zapata en su cuerpo (supuestas cirugías), el cabello teñido, etc. se contrastaban fotografías del antes y el después de Zapata, la moda no tardó en tomar este elemento a su favor, y los medios comenzaron a hacer coberturas como ¿Cuánto cuesta hacerse un look de cabello como el de Zapata? Las estilistas decían que muchas mujeres habían ido a pedir ese corte y teñido, que los precios habían incrementado, etc.

La figura de Morales, no tardó mucho en pasar por el filtro de la conformación de lo “estético”, opiniones racistas afloraban cuestionando ¿cómo Zapata se había podido fijar en un “indio”, fue por su poder, por su dinero? Ahí se contrastaba la imagen de Quintana en relación a la de Morales, Quintana como el galán de la telenovela y Morales, como el cornudo engañado. “La imaginación melodramática se vincula con conflictos de representación mayores: los conflictos estéticos de la modernidad, cuya discusión no ha querido aventurarse, demasiadas veces, hacia aquellos imaginarios que se practican en forma masiva” (Herlinghaus 2002, 30)

Más tarde Quintana aseguró que nunca había tenido conversaciones con Zapata, que no la conocía y así entre una y otra declaración los capítulos se alargaban desplazando la simple solución de la demostración de la existencia del supuesto hijo.

Aparecía de por medio una tía, Pilar Guzmán, que era la portavoz de Zapata ante los medios, la tía aseguraba que en algún momento había cargado al supuesto niño, pero que Zapata sabría cuando presentarlo ante los medios, ahí va el cuestionamiento ¿era Zapata quién decidía el momento de mostrar al niño? ¿Los medios deberían estar pendientes del giro que ella decida darle a ésta telenovela? ¿No es este caso una burla a carcajadas frente al aparato de justicia boliviano?

Cuando las pruebas comenzaron a faltar y los  distintos actores fueron apresados, las versiones se dispararon, León, el abogado de Zapata, aseguró que todo era mentira por parte de Zapata que ella lo había usado, que Zapata necesita con urgencia un psiquiatra (Fuente: periódico La Razón 22/06/2016) y que ahora, él era un perseguido político por el gobierno; Zapata, aseguró que el niño no existía y que todo lo que ella había escrito y declarado era un plan de su abogado León.

Cada uno escribe el siguiente capítulo de la telenovela   

Es innegable el rol de las redes sociales en la conformación progresiva de éste melodrama, pues si bien salían noticias por la televisión, la radio y la prensa, como declaraciones oficiales, es decir, como un espacio de oficialización de las noticias e informaciones diversas obtenida desde las redes, fue  el espacio de las redes era el que permitía el intercambio de opiniones en las que se notaban la predominancia de posiciones, además de la posibilidad infinita que otorgan las redes sociales respecto a la emisión de opiniones, la retroalimentación e incluso la modificación y/o satirización de las noticias.

La construcción de líneas discursivas de opinión pública, tenían como eje de partida la sensología de lo comunicado, la identificación con la situación planteada: “una mujer engañada, deshonrada y usada, luchando contra el monstruo del poder y el aparato gubernamental”, no ´sólo una situación aislada, sino la necesidad de generar juicios de valor de lo que es bueno y lo que es malo, “porque ésta mujer podría representar a cualquiera” y es parte de la realidad. Lo que se nota acá es la necesidad de la representación de una víctima  susceptible de identificación, en este caso una mujer, la cual será pensada y sentida a partir de patrones morales de conducta previamente determinados en el imaginario social.

Podemos anticipar que en tanto imaginación moral, la que regula la existencia cotidiana, el melodrama ofrece una matriz teatral y un fondo narrativo que son imaginariamente mimetizados y masivamente difundidos en condiciones pos-sacarales  en donde se vincula, en particular, con la articulación y estetización de una nueva subjetividad femenina. La imaginación moral no sólo funciona sobre base de metas emotivas y altamente expresivas- un sentimentalismo exagerado-, sino conecta a la vez con un subconsciente social (Herlinghaus 2002, 27)

En el imaginario era inmoral por ejemplo la idea de la existencia de un hijo no reconocido por el mandatario (pero si existen miles de hijos no reconocidos, ¿por qué este caso era especial? Justamente porque era el hijo del Presidente, el representante de la nación, el que analógicamente podría representar al padre de la nación) y la falta de reconocimiento también hacia la madre, el sujeto representativo de la madre evoca a la idea de lo sagrado, la madre como la virgen María, la representación de la abnegación, el sacrificio. Bajo estos códigos morales se inicia el juzgamiento del villano (en este caso Evo Morales y los aparatos gubernamentales), la víctima (en este caso Gabriela Zapata), el héroe (en este caso el abogado de Zapata, León) y los justicieros (la opinión pública, emitida como criterio de indignación), los códigos morales no reemplazaron a las instituciones (iglesia, escuela, etc.), sino que los reforzaron.

Los roles respecto a los medios de comunicación, en éste caso se invirtieron, pues las redes sociales no replicaban la noticia de los medios tradicionales (radio, prensa, televisión, etc.), sino que los medios tradicionales tomaban a las redes sociales como fuentes de información, pues éstas lanzaban la primera noticia del día. Era normal encontrar titulares como: “Encuesta: Usuarios de redes sociales creen que Quintana miente a Morales en caso Zapata” (fuente periódico Página Siete), o según las fotos circulante en las redes sociales…, etc. Las noticias eran supuestas declaraciones, fotografías encontradas, cartas de Zapata, mensajes de Whatsapp, conversaciones por mensajes, etc. pero ninguna de ellas necesitó comprobación por órganos regulares judiciales, para ser divulgada y compartida, pues estas “pruebas” mantenían interesante el siguiente capítulo de la telenovela y eran creídas y asumidas en el imaginario.

Las conversaciones de mercado, del bus, de la fila de espera para el seguro médico respecto a la cotidianidad de la situación política del país, se pasaron a las redes sociales, sólo que esta vez, había un tema imperante: el caso Morales-Zapata, en el que cada persona podría escribir el siguiente capítulo, como mejor le parezca, difundirlo en su página y dependiendo de la gestión que le haga a su publicación posicionarlo como el capítulo oficial, pasando de lo público a lo íntimo, mediante la catarsis, “la catarsis depura y libera de las sensaciones de inequidad y pecado, y le permite a los espectadores contemplarse en sus imágenes ennoblecidas y concluir: ”si somos capaces de la emoción solidaria, somos mejores de lo que creíamos nosotros y los que nos conocen”” (Monsivais 2002, 106) ; la denuncia victimizada se representaba en una mujer y englobaba el imaginario de muchas y muchos.

El efecto de la Bola de Billar propuesto por Lucien Sfez, con sus principios de la linealidad del movimiento, el análisis secuencial y estructural de la acción y la exterioridad y atomización de los elementos, acá se puede notar la otredad y acá entra el trabajo de las redes sociales; esta propuesta, nos sirve para explicar la “telenovela boliviana”, si bien es cierto que desde las cuentas de las redes la información puede ser cambiada por cada persona que tiene una cuenta, siempre debe haber alguien que lance la bola y lo haga hacia una dirección ¿quién estaba detrás de este caso? Aún no se sabe quién lanzó la bola de este billar, ni cuál era el objetivo al que se dirigía, pero las consecuencias fueron claras respecto a la opinión pública respecto a Evo Morales en el referéndum de consulta sobre una reelección.

Los medios, también mostraron la doble función de la que habla Gérard Imbert, como la reproducción y la invención de la realidad, mediante la función mimética y la función proyectiva, Imbert encuentra estas características en la neotelevisión con el paso de lo lúdico a lo ficticio, “…los medios de comunicación imponen cada vez más su lógica del entretenimiento en la construcción de la realidad política. Proceso mediante el cual los medios de comunicación se constituyen en actores, escenarios y dispositivos fundamentales de la política” (Rincón 2006, 3); Un efecto muy similar, es el que producen las redes, pues sigue respondiendo a la lógica oculocentrista de la multiplicidad de imágenes que “hablan por sí mismas” y no necesitan notas aclaratorias, pues se sobreentiende que son representaciones de la realidad.

Dice que dijo que dicen

“Tengo datos serios en sentido de que el niño no existe”, esas fueron las declaraciones del periodista Valverde desde su cuenta de twitter, Valverde, fue quién inició las acusaciones sobre la existencia de un hijo entre Morales y Zapata, entonces ¿quién engaña a quién? Los medios cayeron en el juego de ir tras las declaraciones y las que ocupaban el lugar de los titulares eran las acusatorias acompañadas de lágrimas y dolor, muchos podrían asegurar que los medios cumplían la función de reproducción de la realidad, pero ésta reproducción siempre se mantuvo entre lo real, lo imaginario y lo simbólico.

La narración, como esencial en la escenificación teatral, fue la herramienta fundamental de éste melodrama, Martín Barbero halla una característica propia de Latinoamérica que es un salto a la etapa de Gutemberg, por la herencia oral, que significó luego el paso a la radio y posteriormente a la oralidad visual (la televisión), por ello la predominancia de la narración, la palabra, el testimonio, fueron las bases que daban los giros a los capítulos, aseverar la existencia de un niño, luego negarla, genera el suspenso que éste melodrama necesita.

El final no deseado

En estos últimos capítulos, en las que casi todas, la declaraciones fueron desmentidas, la cobertura es menor, y los comentarios en la redes sociales bajaron en intensidad, el final apunta a ser el no deseado para las características de melodrama, los papeles del villano y la víctima no son tan claros, pues el engaño fue también a los espectadores. La cuestión es  que con engaño o  no, el caso tuvo sus repercusiones en el referéndum del 21 de febrero y a pesar de que a raíz de ello, los sectores sociales pidieron a la asamblea legislativa plurinacional, la realización de un proyecto de ley para regular las redes sociales, que está actualmente en curso, el punto no es bloquear los medios o regularlos, sino que el melodrama va de la mano de la política, la mayor mediación que es la cultura habla por sí sola, “el melodrama es el elemento de mayor arraigo de la industria cultural” (Monsivais 2002, 111) y el dúo melodrama política no podrá ser regulado, sólo como ejemplo cabe observar lo que aún sucede en radio, televisión y prensa, a pesar de sus regulaciones.

[1] Quiero aclarar que la denominación de Telenovela Boliviana, ha sido realizada por los comentarios de las redes sociales respecto al caso Zapata (usando frases como: en el nuevo capítulo de la telenovela boliviana… acompañados de imágenes o memes), a pesar de que existieron reacciones de  desprecio por parte de algunos sectores sociales a “continuar viendo la telenovela boliviana”, no fue el actuar de la mayoría, pues hasta el día de hoy sigue siendo noticia fundamental para los medios tradicionales y memes ocasionales para las redes sociales, al respecto, Carlos Monsivais propone, en su artículo sobre política del melodrama que  “Lo típico en estos años Latinoamericanos ha sido calificar de “telenovelas” algunos episodios políticos, pero la definición tal vez más exacta sería verlos como melodramas inconvincentes porque las circunstancias y el temperamento contemporáneo no admiten con facilidad las irrupciones de lo amateur, de las esposas de los mandatarios que denuncian el adulterio de sus maridos (me engañaron a mí y a la nación, pero no necesariamente en ese orden)”; considerando ésta aclaración, el presente trabajo se moverá tanto en las categorías del melodrama como la de “telenovela boliviana”, primero porque una categoría no está fuera u opuesta a la otra, y segundo,  porque en éste caso, diferente a lo propuesto por Monsivais, la gente o el público de este caso decidió denominarlo telenovela y no fue considerando como un melodrama  inconvincente, como propone Monsivais, pues el seguimiento de los medios a éste tema y el interés que tuvo en las redes por aproximadamente cuatro meses, demuestran lo contrario.

Trabajos Citados:

Barbero, Jesús Martín. «El Melodrama en televisión o los avatares de una identidad insutrializada.» En Narraciones anacrónicas de lamodernidad. Melodrama e intermedialidad en América Latina, de Herlinghaus. Chile, 2002.

Herlinghaus, Herman. «La imaginación melodramática, rasgos indeterminables y heterogéneos de una categoría precaria.» En Narraciones anacrónicas de la modernidad melodarma e intermedialidad en América Latina, de Herman Herlinghaus. Chile: Cuarto Propio, 2002.

Monsivais, Carlos. «No te vayas mi amor que es inmoral llorar a solas.» En Narraciones anacrónicas de la modernidad: melodrama e intermedialidad en América Latina. Chile: Cuarto Propio, 2002.

Rincón, Omar. «Cuando Gobernar es una emoción televisiva.» http://lainsignia.org/2006/diciembre/cul_035.htm. 2006.

Walter, Monika. «Melodrama y cotidianidad. Un acercamiento a las bases antropológicas y estéticas de un modo narrativo.» En Narraciones anacrónicas de la modernidad: melodrama e intermedialidad en América Latina, de Herlinghaus. Chile: Cuarto Propio, 2002.

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